España en la era de las turbulencias

Por: Juan David García


En 2007, Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal, escribió La Era de las Turbulencias, una aproximación muy interesante a los problemas y retos mayores que enfrentaba entonces la economía global, justo en el año en que estalló la gran crisis financiera e inmobiliaria de los Estados Unidos, extendiéndose muy pronto por toda la Unión Europea y las economías más desarrolladas e interconectadas. Coincidiendo con otros autores, Greenspan sostenía que los momentos de colapso y posterior recesión serían cada vez más frecuentes, al tiempo que destacaba el gran desafío representado por China, Rusia y otros países que han seguido un proceso vertiginoso de modernización y transformación económica, pero con cambios tenues en sus sistemas políticos.

En el concierto europeo, España sufrió los embates más duros de la crisis a partir de 2008, cuando el presidente Rodríguez Zapatero hablaba ante el Congreso de los Diputados de “un período de dificultades especiales”. Ese año, el desempleo ya se situaba por encima del 8% y se estancaron las principales industrias, y para 2010 superaba el 20%, llegando en 2013 a un dramático 26%. Es decir, España se convirtió en el campeón de la destrucción de empleo en el mundo desarrollado, con alrededor de seis millones de personas sin trabajo. Como era de esperarse, entró en una profunda recesión por largo tiempo, hasta que las reformas económicas impulsadas por Mariano Rajoy y el Partido Popular comenzaron a surtir efecto.

Y es que en noticieros y programas de debate, como en innumerables documentales sobre la crisis española, se hace un obsesivo hincapié en lo que ya pasó y en los tremendos casos de corrupción que afectan a los partidos tradicionales, como el caso Bárcenas, del PP. Pedro Sánchez, el nuevo presidente y líder del opositor Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se mantiene en que el gobierno de Rajoy es el más corrupto de la historia, pero olvida el larguísimo historial de abusos de su partido, desde el decenio de 1980 (en la época de Felipe González) hasta la llegada de José María Aznar al poder, en 1996. Aún más grave, dice poco o nada de los casos de los últimos años, como los EREs irregulares (Expedientes de Regulación de Empleo) de Andalucía, el más grande fortín político del PSOE, considerada la región más corrupta de toda Europa por el Índice de Competitividad Regional, que publica anualmente la Comisión Europea.

Con los últimos hechos, muchos observadores afirman que España ha entrado en una encrucijada política y las alarmas se han encendido en sus vecinos, lo mismo que en Italia, con el gobierno del nuevo primer ministro, Giuseppe Conte. Inclusive, han vuelto a la primera línea las descalificaciones superficiales a los países de la Europa mediterránea, con la sigla PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), resaltando el desorden institucional, económico y social que les impide parecerse a los de la Europa próspera y estable.

Sin embargo, si un país es ejemplo para los demás en el ámbito de las economías avanzadas, es España, pues su PIB está creciendo de manera sostenida al 3%, superior al 2% de toda la Unión Europea, y logró mejorar sus indicadores macroeconómicos con rapidez. Así, España, en el momento de definiciones políticas por el que atraviesa, tiene la oportunidad de asumir el liderazgo que hoy se disputan Alemania y Francia, demostrando su gran capacidad de maniobrar en la era de las turbulencias.