Fenómeno de El Niño en Colombia: Alerta por nivel de embalses

El nivel agregado de las reservas hídricas nacionales se situó en un 69,43%, encendiendo las alarmas operativas ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño.

Foto: Redes sociales

El Hecho: El sector energético colombiano entra en fase de monitoreo crítico ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño y la caída en los niveles de reserva de los embalses del país.

¿Por qué es importante?: La sequía presiona el suministro eléctrico nacional, amenazando con obligar al parque térmico a asumir cargas extremas y elevando los costos de importación de combustibles debido a un déficit de oferta interna.

¿Cuál es el contexto?: Los embalses están al 69,43% (11 puntos por debajo de la meta de tranquilidad del 80%), mientras la demanda de electricidad en mayo experimentó un repunte histórico del 8,76%.

¿A quiénes afecta y cómo?: Afecta a las empresas prestadoras por las olas de calor en regiones como Chocó (12,43%) y el Caribe (11,89%); el usuario final verá alzas moderadas de entre 1,2% y 1,5% en su factura residencial.

El dato que no se puede perder: El sistema afrontará el fenómeno climático con un déficit del 2,3% en oferta de energía firme y un desabastecimiento de gas natural cercano al 24%, lo que encarecerá el gas importado un 34%.

El sector energético colombiano ha entrado en una fase de monitoreo crítico ante la inminente consolidación del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre del año. Las miradas de las autoridades y los analistas están puestas sobre las reservas hídricas del país, que actúan como el principal escudo para garantizar el suministro eléctrico nacional.

Sin embargo, las cifras de los reguladores encienden las alarmas: el nivel agregado de los embalses se situó en un 69,43%, quedando 11 puntos porcentuales por debajo de la meta del 80% recomendada por XM, operador del Sistema Interconectado Nacional (SIN), para enfrentar con tranquilidad la temporada de sequía.

Panorama general: La situación se complejiza al observar que las lluvias no han respondido según los promedios tradicionales. En mayo, los aportes hídricos acumulados cerraron en apenas el 76,5% de su media histórica (217,56 GWh), y la tendencia a la baja se ratificó en el reporte más reciente, donde descendieron al 75% (209,81 GWh). A nivel regional, el panorama es sumamente heterogéneo; mientras complejos como Ituango (104,4%), Calima (94,3%) y Miraflores (93,7%) operan en niveles óptimos, el promedio global del país sigue rezagado.

Al panorama de menores lluvias se le suma un factor de presión interna: los colombianos están consumiendo más energía que nunca. Según los registros de XM, la demanda de electricidad experimentó un repunte del 8,76% durante mayo, consolidándose como el incremento más alto observado en el último año. El punto de mayor tensión se vivió el pasado 15 de mayo, día en que el SIN registró un consumo diario récord de 261,86 GWh, una cifra sin precedentes en la historia energética del país.

Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía, advirtió que la coyuntura actual le da validez a las alertas institucionales: «En condiciones de hidrología crítica, bajo aporte a los embalses y sin llegar al nivel del 80% solicitado por XM, le daría la razón al ministro Edwin Palma cuando habló de la inminencia del fenómeno de El Niño».

Geográficamente, el incremento del consumo estuvo impulsado por regiones específicas. El departamento de Chocó lideró la variación con un alza del 12,43%, seguido de cerca por la región Caribe con un 11,89%, y la zona de Tolima-Huila-Caquetá con un 10,12%.

Acosta explicó que este comportamiento está directamente ligado a los factores climáticos previos: «Primero fue en el Caribe, en donde las olas de calor, con temperaturas que superaron los 38 grados, dispararon la demanda de energía, poniendo en aprietos a las empresas prestadoras del servicio, que no dan abasto».

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De consolidarse un escenario de sequía severa similar a los eventos históricos más fuertes, el país se verá obligado a modificar sustancialmente su matriz de generación a corto plazo. Las proyecciones de XM señalan que el parque térmico nacional deberá asumir una carga sostenida superior a los 90 GWh diarios durante el verano para evitar racionamientos.

Este llamado a la urgencia encuentra al sistema en una posición vulnerable. De acuerdo con el exministro Acosta, el SIN entrará a afrontar el fenómeno climático con un déficit del 2,3% en la oferta de energía firme y un desabastecimiento de gas natural cercano al 24%.

Esta última brecha obligará a incrementar las importaciones de combustible, una alternativa que hoy resulta considerablemente más costosa debido a las tensiones geopolíticas globales. «A medida que se incrementa el déficit de oferta doméstica de gas natural, se aumenta en la misma proporción el volumen importado del mismo, siendo este mucho más costoso. Sobre todo por el encarecimiento debido al conflicto en el Medio Oriente, se estima que a partir de este mes se observarán alzas alrededor de 34%», detalló el experto.

Por qué es importante: A pesar de las alarmas sobre el abastecimiento y el encarecimiento de los insumos de generación, el impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos podría no ser tan severo como se teme.

Alejandro Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), transmitió un mensaje de calma respecto a las tarifas finales de los usuarios. Si bien reconoció que la llegada de El Niño presiona al alza los precios de la energía en la bolsa de valores, su indexación en la factura residencial es limitada.

«El precio de bolsa solamente pesa 5% dentro de la factura que pagan los usuarios. Entonces, un cambio de $300 termina siendo, más o menos, entre 1,2% y 1,5% de aumento en la factura, es decir, unos $15», concluyó Castañeda.

A dos meses de que el fenómeno se asiente formalmente, el país cuenta con un margen de maniobra estrecho. La resiliencia del sistema eléctrico dependerá de la capacidad de respuesta de las térmicas, la gestión del gas importado y de que el consumo ciudadano comience a dar una tregua antes de que las fuentes hídricas bajen a niveles de cuidado.

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