El fin del servicio militar obligatorio en Colombia fue anunciado por el presidente Gustavo Petro, quien aseguró que el modelo de reclutamiento en el país ya funciona, en la práctica, bajo un esquema voluntario. La afirmación, hecha a través de redes sociales, abrió un debate inmediato sobre el alcance real de la medida.
Según el mandatario, su promesa de campaña de eliminar la obligatoriedad se estaría cumpliendo, en la medida en que cada vez más jóvenes deciden ingresar a las Fuerzas Armadas por voluntad propia y no por imposición legal.
Un anuncio que genera dudas jurídicas
El pronunciamiento del presidente no pasó desapercibido. Aunque el Gobierno insiste en que el modelo ha cambiado en la práctica, expertos advierten que el servicio militar obligatorio sigue vigente en términos legales.
Actualmente, la normativa colombiana establece que los jóvenes deben definir su situación militar y, en ciertos casos, prestar servicio por un periodo que oscila entre los 12 y 18 meses. Para que el cambio sea definitivo, sería necesaria una modificación de la ley.
Esta diferencia entre el discurso político y el marco jurídico es lo que ha generado mayor controversia.

El papel del decreto y la “voluntariedad”
El anuncio del fin del servicio militar obligatorio en Colombia está relacionado con el Decreto 1075 de 2025, que introduce ajustes en el modelo actual, especialmente en lo que tiene que ver con la permanencia dentro de las Fuerzas Armadas.
El documento permite la prórroga voluntaria del servicio, es decir, que quienes ya están vinculados puedan continuar por un periodo adicional de entre seis y doce meses, dependiendo de las necesidades institucionales.
Además, el Gobierno ha impulsado incentivos económicos, como el llamado “salario vital”, que busca hacer más atractivo el ingreso voluntario. Según Petro, esta estrategia ha incrementado el número de jóvenes interesados en prestar servicio.
El tema ha dividido opiniones. Por un lado, hay sectores que consideran que el país avanza hacia un modelo más respetuoso de la libertad individual, donde la decisión de ingresar a las Fuerzas Militares sea completamente voluntaria.
Por otro, hay preocupaciones sobre el impacto que esto podría tener en la capacidad de reclutamiento y en la operatividad de las instituciones de defensa, especialmente si no se logra un equilibrio entre voluntariedad y necesidades estratégicas.
También persisten dudas sobre cómo se implementaría una eliminación total del servicio obligatorio y qué cambios legales serían necesarios para formalizar ese escenario.
Un cambio aún en proceso
Por ahora, el fin del servicio militar obligatorio en Colombia parece estar más cerca de una transición que de una realidad jurídica consolidada. El Gobierno defiende que el sistema ya evolucionó, pero la ley sigue vigente.
El debate, entonces, no solo es político, sino también legal. Y su desenlace dependerá de si el Congreso avanza en reformas que respalden lo que hoy, según el Ejecutivo, ya ocurre en la práctica.
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