El papel lo aguanta todo, pero los servidores de los bancos, al parecer, no. La reforma tributaria de 2022 prometió un alivio histórico para los colombianos: la posibilidad de tener múltiples cuentas bancarias libres del Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), el eterno 4×1.000. La condición era sencilla en teoría: que la suma de todos los movimientos mensuales no pasara de los $18 millones de pesos. Sin embargo, más de 500 días después de aprobada la ley, la medida sigue atrapada en un laberinto de cables, reproches mutuos y burocracia.
Hoy, el ciudadano de a pie se encuentra en medio de un fuego cruzado. Por un lado, Asobancaria saca pecho asegurando que las entidades financieras están listas en un 98% para dar el salto operativo. Por el otro, el Gobierno esquiva el bulto y afirma con contundencia que las reglas del juego ya están escritas desde su cancha, por lo que el balón del retraso está del lado privado. ¿Quién miente y quién dice la verdad?
Cuentas exentas del 4×1.000 Colombia: ¿Por qué sigue frenado el beneficio para tener más de una?

El verdadero nudo de este conflicto no es de voluntad política, sino de infraestructura. Para que la ley funcione sin que se cometan fraudes, el sistema financiero necesita una especie de «ojo que todo lo ve». Si usted retira dinero en el Banco A, el Banco B debe saberlo al milisegundo para calcular si ya rozó el techo de los $18 millones mensuales.
Lograr que toda la banca comparta información financiera de los usuarios en tiempo real es un desafío tecnológico monumental que aún hace aguas. Ante este muro, el gremio bancario puso sobre la mesa una tregua: implementar los cambios de manera gradual mientras se afinan las tuercas del sistema. La propuesta, hasta ahora, descansa en el escritorio de las autoridades sin una respuesta oficial.
Por qué es importante: Mientras la banca y el Gobierno deciden quién asume la culpa, el costo de la espera lo pagan los mismos de siempre. La firma de soluciones contables Siigo ha puesto el dedo en la llaga al señalar a las principales víctimas de este freno: los trabajadores independientes, los microempresarios y los emprendedores.
Para este sector, dividir el dinero no es un capricho; es una necesidad de supervivencia. Utilizan una cuenta para pagar la nómina, otra para el recaudo de clientes y una más para los gastos operativos. Al estar vigente la vieja norma que solo permite eximir una única cuenta por persona, el sistema castiga la organización financiera, cobrándole impuestos a quienes simplemente intentan mantener sus negocios a flote.