Hoy es miércoles de ceniza: desde cuándo se celebra y por qué

Miércoles de Ceniza marca hoy el inicio de la Cuaresma para millones de católicos en Colombia y el mundo. Es una jornada de reflexión, ayuno y penitencia que prepara a los fieles para la Semana Santa.

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El Miércoles de Ceniza abre oficialmente el tiempo litúrgico de la Cuaresma, un periodo de 40 días que antecede a la Semana Santa y culmina con la celebración de la Pascua. La tradición se remonta a los primeros siglos del cristianismo, cuando los creyentes adoptaron prácticas públicas de penitencia como símbolo de conversión y arrepentimiento.

Este año, el miércoles de ceniza es este 18 de febrero, fecha en la que miles de feligreses asistirán a las iglesias católicas. 

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¿Qué es el miércoles de ceniza?

Con el paso del tiempo, la imposición de ceniza en la frente se convirtió en un rito central. El sacerdote traza una cruz mientras pronuncia frases como: “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”.

La ceniza, elaborada con las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, simboliza la fragilidad humana y la necesidad de renovación espiritual.

Históricamente, la práctica comenzó a consolidarse hacia el siglo IV, cuando la Iglesia estructuró formalmente la Cuaresma como un tiempo de preparación para la Pascua. En el siglo XI, el rito de la imposición de la ceniza se extendió a toda la comunidad cristiana, no solo a los penitentes públicos.

Desde entonces, el Miércoles de Ceniza se mantiene como una de las celebraciones más concurridas del calendario litúrgico.

Además del simbolismo, el Miércoles de Ceniza implica compromisos concretos: la Iglesia recomienda el ayuno y la abstinencia de carne para los mayores de edad, así como la práctica de la oración y la caridad. En ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, parroquias y catedrales registran alta asistencia desde las primeras horas del día.

Más allá del rito, el Miércoles de Ceniza representa una invitación a la introspección. Para creyentes y practicantes, no es solo una tradición anual, sino el inicio de un camino espiritual que conduce a la celebración más importante del cristianismo: la resurrección de Cristo en la Pascua.

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