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La importancia del empresario y su valor

La importancia del empresario y su valor
Foto: Pixabay
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EDITORIAL


Nuestro editorial para el día de hoy aborda la importancia de cuidar la riqueza de las personas en Colombia.

Hace pocos días, el hombre más rico del país, Luis Carlos Sarmiento Angulo, propietario de las empresas más relevantes e influyentes en nuestro país en distintos sectores económicos, desde el bancario donde es más conocido con cuatro de los siete bancos más grandes del país, con Corficolombiana, con Promigas, hoteles Estelar, participaciones en el Grupo de Energía de Bogotá y un fondo de pensiones como Porvenir.  

Podríamos seguir haciendo la lista de las inversiones que el señor Sarmiento ha hecho, pero queríamos tomar este ejemplo para hablar de la gran importancia que es cuidar la riqueza de todos los colombianos.

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No importa si es una persona que genera un empleo, cinco, 50, 100, 1.500 o 40.000; no importa si la riqueza de la persona está basada en miles de hectáreas de tierra, en muchos negocios inmobiliarios, de infraestructura, de petróleo, o si es una tienda, un supermercado, una oficina de abogados, una peluquería.

Entre todos los colombianos construimos riqueza, generamos valor y sobre todo propendemos todos por un propósito común: el progreso de la sociedad, el cual nace inexorablemente del esfuerzo privado, ese esfuerzo que es el único que generalmente crea riqueza, el Estado no crea riqueza y eso es una verdad de a puño que muchos tienen que entender, reconocer y saber.

El empresario, desde el pequeño hasta el más grande, con el más mínimo o más grande esfuerzo, es quien genera las reales transformaciones de una sociedad. Cada empleo que se genera en un país por parte del sector privado está creando progreso, un verdadero desarrollo integrado a mejorar la calidad de vida de esa persona y de su entorno.

Por lo anterior, siempre es importante cuidar a los empresarios, darles las garantías, permitirles operar con reglas justas, claras y no cambiarlas durante el juego, generar espacios de confianza, de lealtad y sobre todo de una comunicación frontal y veracidad a la hora de dirimir cualquier inconveniente. 

Más que nunca, Colombia tiene que echar mano de esos empresarios, de ese tejido de miles de personas que desde el Amazonas hasta La Guajira generan empleo, teniendo en cuenta que va saliendo de una pandemia y afortunadamente con un nivel excelente creciendo a más del 10 %, algo inesperado para muchos. Esos empresarios les están mejorando la vida a miles de personas en todo el país.

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No podemos permitir que la efervescencia del resentimiento, de la envidia, del rencor y del odio nos lleve a pensar en que el empresarios es el malo de la película. Eso dice más de quien lo expresa de a quien se dirige ese comentario, sobre todo porque Colombia tiene que reconocer que tiene en sus cavidades más profundas uno de los sentimientos más nocivos para el ser humano: la envidia. Hemos visto cómo gobernantes a través de este negativo sentimiento han generado un caos absoluto y han ido en detrimento de la ética, de los valores y de los principios humanos del buen proceder.

Ahora, se ciernen sobre Colombia distintas amenazas no solamente a la democracia sino al empreasariado, al capital, a la propiedad privada, a cualquier persona que todos los días se levanta para crear empleo o para cumplir sus funciones como empleado.

Sin empresarios un país no existe, sin empresarios no hay riqueza y como bien lo decía Luis Carlos Sarmiento Angulo si los modelos que hoy se proponen para que Colombia cambie su sistema económico, se base en la repartición, ¿qué van a repartir si no hay riqueza? No se puede repartir lo que no se tiene, eso es un pleonasmo.

La ecuación se básica y elemental: los empresarios crean valor, crean riqueza, crean empleo. El Estado es quien gasta, este siempre va a gastar; el Estado no genera riqueza; que esas dos premisas queden claras. Luego de esto, el Estado vive de la empresa privada que es la que paga los impuestos junto a las personas naturales; en Colombia la empresa privada sobre la que más recaen impuestos. 

Ahora, si se destruye ese elemento de la ecuación, que es la empresa privada, ¿dónde va a quedar el Estado?, ¿dónde van a quedar los ciudadanos? Que puedan existir debates sobre la capacidad o no de un monopolio, la concentración de la riqueza, la forma que puede gustar menos o más por parte de los grandes grupos empresariales del país, es válido pero no lo es querer acabar con el empresario.

Primero irán por los grandes, pero luego irán por los chicos cuando se vaya acabando la bolsa de dinero. En tal virtud es menester propiciar debates sobre la necesidad de aperturas económicas en distintos sectores, en donde se creen más y mejores empresas, en donde la inversión extranjera llegue de manera decidida, sostenida y sobre todo de una manera que nos permita a los ciudadanos gozar de mejores servicios, bienes y distintos productos.

No es atacando, es garantizando la competencia, la competitividad del país en donde se creen mejores empleos mejor pagados y donde la oferta sea tanta que las empresas tenga que pelearse por los empleados, ese es el sistema ideal y no es el que va en contra de la empresa. Ojalá los colombianos utilicen un poco de lógica, de coherencia y de sentido común, para poder entender mejor el panorama electoral, económico, empresarial y social que vive Colombia.

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