Sobre la consulta del centro, aunque en este momento no hay total claridad sobre cómo se están dando las conversaciones internas, sí hay un punto que resulta clave y que explica buena parte de la inquietud que hoy existe en la izquierda: la decisión que se tome alrededor de Iván Cepeda.
El principal temor es que, si Cepeda no participa en la consulta de la izquierda, quede por fuera del “retrato” político del 9 de marzo, ese mismo miedo lo comparten otros candidatos que no están en consultas, aunque no siempre lo expresen abiertamente. Y es que hay una realidad difícil de ignorar: el momentum político que se crea entre el 8 y el 9 de marzo, con todos los medios de comunicación concentrados en los resultados de las consultas, en los ganadores y en la nueva configuración del Congreso, tiende a desplazar del foco a quienes no participan en esa “fiesta” electoral.
Cuando el país empiece a percibir ese ruido político concentrado en unos pocos nombres, buena parte de la ciudadanía ,especialmente ese amplio porcentaje que no sigue la política de manera permanente, terminará identificando como opciones reales únicamente a quienes estuvieron en las consultas. Para muchos votantes, entender quiénes quedaron por fuera y por qué no participaron será complejo, lo que termina jugando en contra de esos candidatos.
En ese contexto, Sergio Fajardo, que inicialmente fue uno de los más reacios a participar en una consulta en esta primera vuelta, ha empezado a reconsiderar su posición. Junto a figuras como Mauricio Armitage y Claudia López, se han abierto conversaciones para intentar sumar a otros nombres, entre ellos Luis Gilberto Murillo.
Sin embargo, este movimiento no resulta sencillo. Murillo, al igual que otros posibles aspirantes como Juan Fernando Cristo o Mauricio Lizcano, no es bien visto en algunos partidos y grupos políticos que ya avanzan en consultas, debido a su cercanía o trabajo previo con el gobierno de Gustavo Petro.
Hasta hace apenas una semana, el escenario parecía claro: una consulta de la derecha y una consulta de la izquierda. Pero el centro comenzó a percibir el riesgo de quedarse por fuera del momento decisivo. En una reunión reciente, varios de sus dirigentes coincidieron en que, aunque tienen buenos números en las encuestas, la ausencia en las consultas podría marginarlos del debate público en un momento clave, lo que afectaría seriamente sus aspiraciones.
De ahí el intento por revivir una consulta del centro, especialmente si Iván Cepeda no logra participar en la consulta de la izquierda. En ese escenario, la consulta de ese sector perdería fuerza de manera significativa. Quedarían pocos competidores y un claro favorito, lo que reduciría el impacto político y mediático de la jornada. Cepeda, en ese caso, tendría que esperar a la primera vuelta, mientras el centro y la derecha concentrarían el protagonismo del 8 y 9 de marzo, siempre y cuando el centro logre superar sus propias divisiones internas y egos.
Ese, precisamente, ha sido uno de los principales problemas tanto del centro como de la derecha: la dificultad para ceder y construir acuerdos amplios. Sin embargo, una eventual consulta entre Fajardo y Claudia López podría activar sus bases electorales y sociales, movilizar votantes el 8 de marzo y, de paso, impulsar sus listas al Congreso mediante la solicitud del tarjetón.
El reloj, no obstante, corre en contra. El centro tiene hasta los primeros días de marzo para definir si concreta esa consulta y hasta el 6 para realizar modificaciones formales. De no hacerlo, el escenario es claro: quedar por fuera del gran momento político y asumir un alto costo electoral. Y si finalmente Iván Cepeda es excluido, la consulta de la izquierda prácticamente se desinflaría, dejando en pie únicamente la de la derecha como el gran evento de la jornada.
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