El incremento de hurtos por escopolamina en Antioquia ya tiene respaldo en cifras oficiales y reportes recientes de seguridad, que muestran un repunte de esta modalidad delictiva durante 2026, especialmente en Medellín y el Valle de Aburrá.
Según datos del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (SISC), en lo corrido de 2026 se han registrado 133 casos de hurtos mediante escopolamina, lo que representa un aumento de 10 casos frente al mismo periodo del año anterior.
Aunque esta modalidad no es la más frecuente, sí mantiene una tendencia preocupante por su impacto en las víctimas.
Qué tan grave es el problema en cifras
Dentro del total de hurtos a personas en Medellín, que ya suman 4.308 casos en 2026, los robos con escopolamina representan una proporción menor, pero con características más graves.
Por ejemplo:
- Los atracos tradicionales registran cerca de 1.380 casos.
- El “cosquilleo” alcanza 955 casos.
- El hurto por descuido suma 933 casos.
En comparación, los casos con escopolamina representan alrededor de un 3% del total de hurtos a personas, pero con mayor nivel de afectación física y psicológica.
Además, dentro de esos 133 casos, al menos 11 han afectado a turistas extranjeros, lo que también impacta la percepción de seguridad en la ciudad.
El incremento de hurtos por escopolamina en Antioquia también se explica por la transformación de las modalidades delictivas. Investigaciones recientes han identificado estructuras criminales que:
- Contactan víctimas por aplicaciones de citas
- Operan en zonas turísticas como El Poblado
- Combinan escopolamina con otras sustancias para mayor efecto
En algunos casos, las pérdidas económicas superan los 30 millones de pesos por víctima, incluyendo transferencias bancarias y robo de objetos personales.

Un fenómeno subregistrado
A pesar de las cifras, expertos advierten que el problema podría ser mayor. Datos del DANE indican que apenas el 1,3% de los hurtos reportados incluyen uso de sustancias como escopolamina, lo que sugiere un alto nivel de subregistro, ya que muchas víctimas no denuncian o no logran confirmar la sustancia utilizada. Esto implica que el incremento podría estar subestimado en las estadísticas oficiales.
El panorama actual en materia de seguridad presenta un doble desafío tanto para las autoridades como para la ciudadanía: por un lado, contener la tendencia al crecimiento del delito y, por otro, lograr que la población se sienta más segura y motivada para denunciar los hechos que afectan su entorno. Si bien se han registrado avances en la percepción de seguridad y en la respuesta institucional, persisten focos críticos de criminalidad que requieren estrategias más precisas, sostenidas y articuladas entre policía, fiscalía y administración municipal.
Las autoridades han reforzado operativos en áreas sensibles como Parque Lleras, algunos barrios del centro y corredores turísticos de mayor afluencia, donde se concentran restaurantes, bares, hoteles y zonas de esparcimiento. Además de la presencia visible del pie de fuerza, se han desplegado unidades especializadas en inteligencia y análisis criminal para identificar y desarticular redes criminales organizadas, rastrear rutas de consumo, detectar puntos de venta de sustancias ilícitas y desmontar estructuras que operan bajo modalidades sofisticadas, como el uso de terceros, menores o vehículos alquilados.
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