El panorama político colombiano se encuentra en una fase de definiciones estratégicas donde las figuras de renombre suelen rodearse de consultores internacionales y expertos en big data. Sin embargo, el senador Iván Cepeda Castro ha decidido tomar un rumbo diametralmente opuesto. En una movida que desafía las convenciones del marketing político moderno, su campaña ha optado por blindar su núcleo cercano, priorizando la lealtad ideológica y el trabajo de base por encima de las costosas fórmulas de los denominados «gurús» de la comunicación.
Esta determinación no es producto del azar, sino una respuesta a la necesidad de mantener una coherencia discursiva que, según fuentes cercanas al congresista, no se puede delegar en técnicos ajenos a las realidades sociales del país. Mientras otros sectores buscan en el extranjero las claves para conectar con el electorado, Cepeda se refugia en sus cuadros de confianza, consolidando una estructura que busca la autenticidad sobre el artificio publicitario.
¿Por qué la campaña de Iván Cepeda le dice «no» a los gurús del marketing político?
En el centro de esta estrategia se encuentra un equipo que ha acompañado al senador durante años en los debates más complejos del Congreso y en los procesos de paz. Para la campaña de Cepeda, el concepto de «gurú» resulta ajeno y, en ocasiones, contraproducente. La tesis que manejan en su búnker es clara: nadie conoce mejor los retos del país y el perfil del votante de izquierda que aquellos que han caminado los territorios y comprenden la historia de las luchas sociales en Colombia.
El desdén hacia los asesores externos de alto perfil financiero marca un hito en la forma de hacer política en el bloque oficialista. Se trata de un retorno a la militancia orgánica. En lugar de invertir millonarios presupuestos en laboratorios de imagen, el equipo del senador está enfocado en la movilización territorial y en el fortalecimiento de redes de voluntarios que actúan por convicción programática.

Otro de los motivos detrás de este repliegue hacia lo propio es el control del mensaje. En una era de desinformación y constantes ataques en redes sociales, la campaña prefiere una comunicación directa y sin filtros que puedan ser distorsionados por una estética puramente comercial. La narrativa de Iván Cepeda siempre ha estado ligada a la defensa de los derechos humanos y la implementación de la paz; delegar esa narrativa a expertos en tendencias podría, a su juicio, diluir la potencia de su mensaje político.
Los «suyos», ese grupo de asesores, activistas y comunicadores que forman su círculo de hierro, operan bajo una lógica de resistencia. Para ellos, la política no es un producto de consumo que se vende con algoritmos, sino una herramienta de transformación que requiere contacto humano y profundidad intelectual.
A pesar de la mística que rodea esta decisión, el camino no está exento de riesgos. La política actual es una batalla de alcances digitales y segmentación de audiencias donde los «gurús» suelen tener la ventaja técnica. Al alejarse de estas prácticas, la campaña de Cepeda asume el desafío de demostrar que el contenido y la trayectoria pueden superar a la forma.
El éxito de esta apuesta dependerá de la capacidad de su equipo interno para modernizar sus procesos sin perder la esencia que los caracteriza. La pregunta que queda en el aire en los círculos políticos es si este modelo de «refugio en los propios» será suficiente para enfrentar a maquinarias que no escatiman en tecnología punta y asesoría internacional. Por ahora, Iván Cepeda se mantiene firme en su convicción: en la autenticidad de su equipo está su mayor fortaleza electoral.
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