Juan Manuel Santos y Colombia

Se eligió con la derecha y lo reeligió la centro-izquierda. Firmó un proceso de paz anhelado por muchos desde hace años, pero su gobierno termina como uno de los más desfavorecidos en los últimos 30 años.


Por: Andrés Felipe Gaviria

Sonará como un lugar común pero ningún gobierno es perfecto. Más en un país como Colombia, donde una buena parte de los ciudadanos están convencidos fervientemente que los políticos, y en general el gobierno, es quien debe velar por todos sus intereses, mantenerlos, sacarlos adelante y prácticamente respirar por ellos. Además, con descaro, no son buenos ciudadanos, están relacionados con la ilegalidad desde el punto que compran una película o música ilegal, hasta pasarse semáforos en rojo e irrespetar la autoridad.

Todos los gobiernos dejan cosas malas y buenas, sería miope y sesgado defender una tesis que sostenga que todo el gobierno Santos fue malo, de ser así el ahora nuevo presidente Duque no hubiese nombrado a tanto funcionario de esa administración en posiciones de alto rango en su gobierno. Santos falló y de qué manera en su conexión con las regiones del país, creyó que el sentimiento y pensamiento del país se reflejaba en unos pocos congresistas, empresarios y amigos, lo cual lo mantuvo siempre alejado del verdadero sentir y las necesidades del colombiano de a pie.

En definitiva fue un presidente mentiroso y eso le quitó demasiados puntos, haber afirmado que no habrían curules directas y que no habría impunidad, cuando para allá iba el barco lo sacó completamente de un escenario de respeto y credibilidad, para ponerlo como un mandatario al que no se le podía creer. Aumentar impuestos mientras incrementaba el tamaño y gasto del Estado fue irresponsable, perverso y nefasto para toda la sociedad colombiana. No haber adelantado reformas tan urgentes como la de justicia lo llevaron a ser visto como un presidente permisivo con la ilegalidad, no comprometido con la seguridad ciudadana, además de haber dejado al país en un colapso carcelario, judicial y de seguridad muy grave.

La palabra coherencia es muy necesaria, útil y procedente para gobernar. Santos violó de cabo a rabo esas bases, por lo cual existía una completa desconexión y desconfianza del ciudadano hacia la institucionalidad. Como conclusión de esta parte, el ciudadano legal, el que trabaja de sol a sol, se vio ultrajado y desmoralizado al ver que unos criminales tenían más beneficios que ellos.

Sobre lo bueno; Santos se empeñó en poner fin a un conflicto con las Farc de muchos años, que sin lugar a duda trajo algo de calma en varios frentes, pero que también permitió ver cómo el único problema del país no era esa guerrilla, sino que tenemos centenares de grupos criminales y una nube de corrupción que nos asfixia poco a poco. Como no destacar su tenacidad e insistencia para sostener ese proceso, cuando en tantos momentos se percibió como fracasado.

El ingreso de Colombia a la OCDE es significativo, nos permitirá avanzar en segmentos muy necesarios para un desarrollo eficiente e integral del país. El ingreso a más de 90 países sin visa fue un logro más que positivo, en algo se avanzó para mejorar la imagen del país ante el mundo. La inversión para la revolución de la infraestructura en todo el país no tenía precedentes, se integró de la mejor manera con las bases que dejó sentadas el expresidente Uribe, y aunque nos falta mucho, lo que el gobierno Santos dejó en materia de nuevos aeropuertos, puertos, vías, autopistas 4G, entre otros, no se puede ocultar.

Los programas de cero a siempre, haber garantizado la gratuidad en la educación del grado primero a once, el haber invertido en el sistema de educación como ningún otro gobierno, fue loable y reflejó una mejoría sustancial en los resultados académicos del país, como por ejemplo en las últimas pruebas Pisa. Modernizó al Estado, lo acercó más al ciudadano a través de herramientas tecnológicas y permitió que cada uno de los colombianos conociera más de cerca cómo poder trabajar con el gobierno o ser aliado en distintos procesos.

La masificación de las Tics en todo el territorio nacional era una apuesta necesaria, aunque Colombia sigue retrasada en esa materia se avanzó a pasos agigantados y se debe seguir por esa brecha. En materia de salud el ministro Alejandro Gaviria dio una lucha interminable para el control de precios de medicamentos, como también, aunque muchos no lo crean, se logró consolidar un sistema de salud que es destacado en la región.

Haber reducido el índice de desigualdad no tiene precio, a nadie le queda duda que hoy nuestro país es menos desigual y por eso muchos colombianos pudieron salir de la extrema pobreza.

Seguramente se me quedan falencias y logros, pero creo que a final de todo lo bueno se debe reconocer, lo malo criticar y corregirlo, pero también el llamado a todos los ciudadanos para que tomen responsabilidades propias y no esperen que un presidente solucione todo. Cada uno puede hacer el cambio desde su hogar y trabajo, seguramente así a todos nos irá mejor.

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