Jugando con candela

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Jugando con candela: «Todo lo anterior no implica que el gobierno pueda seguir pensando que puede gastar a manos llenas, sin control, y haciendo anuncios descabellados. Los inversionistas y los mercados tienen un límite y se está agotando».


Por: José Miguel Santamaría Uribe

Hasta ahora los inversionistas de deuda pública de Colombia han sido muy benévolos con el gobierno Petro por diferentes razones, pero principalmente por situaciones externas que ha ayudado a que la deuda de países emergentes sea atractiva, y que los países comparables con quienes competimos por los recursos estén también emproblemados.

Mientras Uribe entregó al país con una deuda como porcentaje del PIB alrededor del 38%, Santos lo entrega en el 50%, y Duque la lleva al 62%, ya un nivel bastante peligroso para el país dado su estructura de ingresos y gastos, por eso las calificadoras de riesgo alertaron a los mercados con bajas de calificación.

Los datos a diciembre del 2022 de la página del Ministerio de Hacienda nos dicen que terminamos el año con un endeudamiento del 64,1% de deuda como porcentaje del PIB, históricamente el más alto y solo se llevaban cuatro meses de Petro. Este aumento de la deuda genera un efecto cascada complicado, cada vez más porcentaje del presupuesto anual va a pago de deuda y menos a inversión.

Aunque el esquema de creadores de mercado ha venido funcionando normalmente y se han podido hacer dos emisiones de bonos globales por casi tres billones de dólares, estas han sido marcadas por tasas que históricamente son altas, más o menos han tenido un spread frente a bonos del tesoro americano entre 420 y 460 puntos básicos.

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Los fondos de capital extranjero, que son los mayores inversionistas en pesos de nuestra deuda, han mantenido sus participaciones en el porcentaje de la deuda; estos han ayudado a mantener en algo la devaluación y a que la tasa en pesos no haya tenido subir más. Algunos pensábamos que estos inversionistas podrían asustarse y salir del país. Nos equivocamos. En principio, acá siguen dadas las condiciones del mercado global.

Todo lo anterior no implica que el gobierno pueda seguir pensando que puede gastar a manos llenas, sin control, y haciendo anuncios descabellados. Los inversionistas y los mercados tienen un límite y se está agotando.

En los pocos meses que lleva el gobierno Petro se ha venido hablando de gastos adicionales bastante grandes que implican mayor endeudamiento. Solamente el costo de volver subterráneo el metro podría ser de quince billones de pesos, la reforma a la salud implicaría inversiones adicionales en infraestructura de más de diez billones de pesos, más el gasto de mantenimiento, funcionamiento y de personal adicional que implicaría.

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Cabe anotar que, aunque el ministro Ocampo ha dado tranquilidad a los mercados, la confianza no es infinita. Ya es vox populi las desavenencias que existen en el Consejo de Ministros donde la mesura económica de Ocampo, Alejandro Gaviria y Cecilia López no ha caído bien entre el resto del gabinete que es más de línea dura de izquierda.

Viene en camino la reforma pensional, esta como la de la salud hasta último momento la mantendrán silenciosa. Esperemos que no termine quitándole recursos a los fondos de pensiones privados que en gran medida se van a compra de deuda pública, porque eso podría generar un estrés adicional a la colocaciones que se necesitan hacer este año.

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Las expectativas y cambios de los mercados globales suceden en minutos, lo que es una buena inversión hoy puede dejarlo de ser mañana, depende de muchos datos y factores que no son controlables. Es por eso que Petro debe dejar de jugar con candela y no darles motivos a los inversionistas para salir de Colombia. Gobernar con el hígado y alborotar el avispero por Twitter y, ahora, por el balcón claramente no es el camino correcto.

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