La Carta del señor N

Los gobiernos de Uribe I y Santos I tuvieron crecimientos promedios muy destacados para Colombia.


El lunes pasado por la noche recibí un mensaje de un empresario amigo, a quien voy a llamar el señor N, que decía que había leído mi columna en este diario el 19 de este mes, en la que daba cuenta del avance que ha tenido nuestro país desde el siglo pasado, y que le pareció extraño que no haya comentado nada de lo que ha dejado la apertura económica que llevamos a cabo en el gobierno Gaviria, que, según él, no ayudó al mejoramiento del país y, por el contrario, ha hecho que nuestra industria desapareciera, y con ella el empleo técnico calificado y la llegada de tecnología.

Me he puesto a revisar unos datos, y encontré lo siguiente: Durante el gobierno de Gaviria, la economía creció, en promedio, 4,4 por ciento por año; en el gobierno de Samper solamente creció 2,81 por año, en promedio, y en el de Pastrana, 0,53 por ciento. Los gobiernos de Uribe I y Santos I tuvieron crecimientos promedios muy destacados para Colombia, de 5,07 por ciento el primero y de 4,98 por ciento el segundo. No tuvieron la misma suerte en sus segundos mandatos. El promedio de crecimiento de los siete periodos presidenciales fue de 3,44 por ciento anual, y si se excluye el gobierno de Gaviria, el promedio fue de 3,27 por ciento.

El crecimiento del índice de producción industrial del Banco de la República entre 1990 y 1994 fue de 17,52 por ciento, y entre el 94 y el 98 decreció 9,93 por ciento. En el gobierno de Pastrana creció 1,37 por ciento y en el primero de Uribe, 28,87 por ciento, pero en el segundo no creció. En el primer gobierno de Santos creció 3,97 por ciento, y desde agosto de 2010 hasta enero de este año disminuyó 3,5 por ciento. El señor N, al parecer, le está ladrando al árbol equivocado.

Si no hubiera habido apertura, no se hubiera podido financiar la inversión, que creció muy significativamente como proporción del PIB después de la apertura, ni se hubieran tecnificado los servicios. No se hubiera revelado el problema de integración del país y su relativo retraso en desarrollo institucional. A pesar de que la productividad total de los factores no aumentó como resultado de la apertura, sí incrementó la productividad de la mano de obra y la de los sectores proveedores de servicios, que crecieron.

La apertura destrabó la economía, facilitó el acceso a computadores y a tecnología y abolió privilegios. Él tampoco se refiere al desmonte de la apertura, que se hizo por la puerta de atrás, al amparo de la comunidad andina. Hay numerosos estudios, uno notable del Banco de la República, que sostienen que la apertura no se llevó a cabo, o tuvo efectos muy temporales porque rápidamente la desmontaron. Los que la critican no reconocen que les abrimos el mercado de Venezuela para darles oxígeno mientras se adaptaban a una economía más abierta. Por falta de imaginación o exceso de codicia, no aprovecharon esa oportunidad para invertir sino para explotar un mercado protegido más grande. Chávez percibió que este era el talón de Aquiles de la industria y de la economía colombiana y les cerró el mercado a los productos colombianos, sin percatarse de que con eso se disparaba en un pie porque muy pronto comenzó Venezuela a sufrir de desabastecimiento.

Para finalizar, me pregunto por qué en Chile y Perú floreció la economía privada después de las aperturas que llevaron a cabo. Una posible respuesta es que en esos países no trataron de devolver o anular las políticas de apertura, sino que las han mantenido. Otra es que tienen mejores empresarios que nosotros. La más probable es que han desarrollado formas de colaboración entre el sector público y el privado que aquí no existen. Posiblemente se debe a una mezcla de las tres y a que los empresarios no eran tan dependientes de subsidios y prebendas como los nuestros.

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