lunes, octubre 3, 2022
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    La desgracia del proteccionismo

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    Por: Alberto Bernal

    Por el lado de los demócratas, como argumenté en mi columna pasada, me preocupa mucho ver el giro tan violento hacia la izquierda que está ocurriendo en las nuevas generaciones. Quizás sea el hecho de que las nuevas generaciones no han tenido que luchar por las cosas de la forma como las generaciones anteriores tuvieron que hacerlo para salir adelante. Nunca antes en la historia la clase media había sido tan extensa, nunca antes se había visto tanto avance en la tecnología, y nunca antes la pobreza había sido tan baja.

    Pero todos estos avances, considero yo, están generando una desviación de valores en las nuevas generaciones. No es extraño hoy en día oír que los jóvenes deciden no seguir ocupaciones económicas que generan amplias externalidades (benévolas) en la sociedad, porque “el trabajo es muy intenso”. Me parece increíble cómo las nuevas generaciones ya no quieren “sacrificar” su tiempo libre trabajando, porque “eso no nos genera utilidad marginal en nuestras vidas”. Esta nueva moda es preocupante, porque la mejora en el estándar de vida de la que hoy gozan nuestros hijos está totalmente atada al inmenso esfuerzo que hicieron nuestros antepasados para dejarnos un mundo mejor.

    Como decía en mi columna pasada, el hermano gemelo de esta nueva forma de ver la vida es el proteccionismo. Hay que recordar como coreaban y aplaudían los millennials cuando el candidato Sanders decía que Apple iba a tener que comenzar a construir los IPhones en EE.UU., o cuando el senador Sanders insultaba a GE diciendo que esa compañía “violaba la fábrica moral de los Estados Unidos”, al producir parte de sus productos por fuera de EE.UU.

    Pero la peor parte de toda esta historia es que en la convención republicana los votantes republicanos coreaban “¡¡¡Trump, Trump, Trump!!!” cuando el candidato decía que “¡iba a regresar todos los trabajos perdidos a EE.UU.!”. La parte más patética del discurso de Trump es que el hombre produce sus corbatas en China, los muebles de su marca en Turquía, ¡y los empleados de sus construcciones son extranjeros!

    Ahora, que los políticos utilicen el proteccionismo como caballo de batalla en una elección es hasta esperado. Pero que la gente definitivamente sea tan incapaz de entender que si EE.UU. restringe las importaciones poniendo tarifas prohibitivas, los otros países van a reaccionar de la misma forma y por lo tanto van a colapsar las exportaciones es EE.UU. alrededor del mundo, demuestra que hay algo extremadamente mal con el sistema educativo de EE.UU. El concepto de una guerra de comercio no es difícil de entender, y tampoco es difícil de entender las graves consecuencias que una guerra de comercio traería al mundo.

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    Por: Alberto Bernal

    Por el lado de los demócratas, como argumenté en mi columna pasada, me preocupa mucho ver el giro tan violento hacia la izquierda que está ocurriendo en las nuevas generaciones. Quizás sea el hecho de que las nuevas generaciones no han tenido que luchar por las cosas de la forma como las generaciones anteriores tuvieron que hacerlo para salir adelante. Nunca antes en la historia la clase media había sido tan extensa, nunca antes se había visto tanto avance en la tecnología, y nunca antes la pobreza había sido tan baja.

    Pero todos estos avances, considero yo, están generando una desviación de valores en las nuevas generaciones. No es extraño hoy en día oír que los jóvenes deciden no seguir ocupaciones económicas que generan amplias externalidades (benévolas) en la sociedad, porque “el trabajo es muy intenso”. Me parece increíble cómo las nuevas generaciones ya no quieren “sacrificar” su tiempo libre trabajando, porque “eso no nos genera utilidad marginal en nuestras vidas”. Esta nueva moda es preocupante, porque la mejora en el estándar de vida de la que hoy gozan nuestros hijos está totalmente atada al inmenso esfuerzo que hicieron nuestros antepasados para dejarnos un mundo mejor.

    Como decía en mi columna pasada, el hermano gemelo de esta nueva forma de ver la vida es el proteccionismo. Hay que recordar como coreaban y aplaudían los millennials cuando el candidato Sanders decía que Apple iba a tener que comenzar a construir los IPhones en EE.UU., o cuando el senador Sanders insultaba a GE diciendo que esa compañía “violaba la fábrica moral de los Estados Unidos”, al producir parte de sus productos por fuera de EE.UU.

    Pero la peor parte de toda esta historia es que en la convención republicana los votantes republicanos coreaban “¡¡¡Trump, Trump, Trump!!!” cuando el candidato decía que “¡iba a regresar todos los trabajos perdidos a EE.UU.!”. La parte más patética del discurso de Trump es que el hombre produce sus corbatas en China, los muebles de su marca en Turquía, ¡y los empleados de sus construcciones son extranjeros!

    Ahora, que los políticos utilicen el proteccionismo como caballo de batalla en una elección es hasta esperado. Pero que la gente definitivamente sea tan incapaz de entender que si EE.UU. restringe las importaciones poniendo tarifas prohibitivas, los otros países van a reaccionar de la misma forma y por lo tanto van a colapsar las exportaciones es EE.UU. alrededor del mundo, demuestra que hay algo extremadamente mal con el sistema educativo de EE.UU. El concepto de una guerra de comercio no es difícil de entender, y tampoco es difícil de entender las graves consecuencias que una guerra de comercio traería al mundo.

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