La educación: entre lo obsoleto y lo desconocido

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Desconocer el papel del docente y de las instituciones de educación como parte fundamental en la formación de ciudadanos íntegros, desde la ética y competentes desde sus desarrollos técnicos, sería desconocer la historia de la humanidad…


Por: Felipe Jaramillo Vélez

La velocidad con que se genera conocimiento es superior a los procesos de incorporación de dicho conocimiento en el aula.

Atrapados en una sin salida se encuentra la tarea docente, por un lado, se encuentra con un conocimiento que, aunque nuevo, ya resulta obsoleto.

Por el otro, con una petición –exigencia – del sector productivo a capacitar a los nuevos profesionales en áreas y materias que aún no existen, en tanto están apenas se encuentran en etapas temprana o incipientes de desarrollo.

Esta velocidad en la generación de conocimiento ha terminado por enrarecer el sector educativo, pues ante la necesidad de nuevas experticias las empresas han decidido acercarse a dos estrategias.

La primera de ella desestimar la educación profesional, contratando jóvenes autodidactas con grandes competencias técnicas, y una segunda crear universidades corporativas, con enseñanza a la medida de sus necesidades y en las que el aprendizaje continuo genera personal con conocimiento de punta permanentemente.

Estas estrategias, que a primera vista resultan razonables, pudiesen convertir en muy poco tiempo en una verdadera trampa, la generación de personal competente desde lo técnico, pero con escasas competencias de las humanidades y desde las mal llamadas competencias blandas, podría acercar al hombre más al que hacer de la máquina que a su real búsqueda de la felicidad y la armonía.

Por otro lado, la incursión de las empresas en el que hacer educativo, podría llevar a estos últimos a transformar su misión, creando unidades estratégicas de negocios que amen al conocimiento creado en estas, con el fin de lograr una sostenibilidad económica de sobrevivencia, generando con esto una competencia insana con el sector productivo.

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Lo anterior debería ser objeto de una juiciosa reflexión por parte de las instituciones educativas, por las autoridades asignadas para este fin, por el sector productivo y por la sociedad civil.

En tanto, de darse un acelero crecimiento en esta transformación en el cambio de roles de las instituciones, el resultado podría ser la canibalización de estas, lo cual llevaría a una desestabilización social, al no encontrar bases sociales bien definidas sobre las cuales establecer visiones de futuro.

Desconocer el papel del docente y de las instituciones de educación como parte fundamental en la formación de ciudadanos íntegros, desde la ética y competentes desde sus desarrollos técnicos, sería desconocer la historia de la humanidad.

Asumiendo con ello una transformación definitiva del hombre, una con nuevas reglas, nuevas prerrogativas, una que ubique el conocimiento más desde las necesidades productivas de las organizaciones que desde las necesidades propias de los hombres, una que ubique cada vez al hombre en el mismo nivel de la máquina, una que acerque a este a una definitivo estado de trashumancia.

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