La globalización y el boom de los centros comerciales II: Lujo y confort

Por: Juan David García


En la columna anterior hacía una aproximación a los cambios en el comportamiento del comercio en grandes superficies, como cadenas de supermercados y centros comerciales, tanto en Estados Unidos y el mundo occidental en general, como en las economías emergentes, en el caso de América Latina y varios países de África subsahariana. Es un asunto al que poco espacio se dedicará en los noticieros nacionales, incluso en cadenas internacionales, excepto por los programas de debate y documentales que observan el mundo con amplitud, en canales como Deutsche Welle o BBC World.

Esta semana, el escenario de las criptomonedas se sacudió con la estrepitosa caída del Bitcoin, la moneda que está revolucionando la generación de riqueza en el mundo virtual, al pasar de 15.000 a menos de 10.000 dólares en tan solo seis días. Cientos de miles de personas que han estado invirtiendo en bitcoins, verán sus ingresos esfumarse. Otra moneda, Ethereum, se situó por debajo de los 1.000 dólares y perdió el 15% de su valor. Esta es una expresión de los tiempos actuales, caracterizados por el cambio constante y vertiginoso, en oposición a otras épocas de la historia, donde se necesitaron muchos siglos para ver progreso tecnológico, económico y político que en los últimos sesenta años se ha dado como no hubo igual desde el inicio del Neolítico.

Siendo importante la cuestión de las criptomonedas, lo realmente sorprendente es la auténtica revolución económica que está teniendo lugar en el mundo, y su alcance geográfico, demográfico y cultural. El boom de los centros comerciales del que hablaba, es tan significativo como la reactivación urbana de la Baja Edad Media, en Europa del norte y mediterránea, cuando el auge comercial de Amsterdam, Hamburgo, Copenhague o Danzig, propició el surgimiento de la burguesía, compuesta por mercaderes, industriales y prestamistas, como lo describe Jacques Le Goff en Mercaderes y Banqueros de la Edad Media. De hecho, esta explosión es aún más relevante, porque sucede en las periferias de Occidente, donde se creía que la miseria iba a ser perpetua. De acuerdo con el Global Economic Outlook 2018, el último reporte de Goldman Sachs sobre las tendencias de la economía mundial, los países emergentes siguen creciendo en su PIB a un ritmo sostenido de más del doble que los países más avanzados, esto es, aproximadamente 5.7% frente a 1.9%.

Esta expansión sin precedentes se vive en ciudades de África subsahariana, como Lagos, Accra, Lusaka y Nairobi. En esta última se han inaugurado más de once grandes centros comerciales desde 2006, que siempre están abarrotados de gente, y solo la capital keniana cuenta con casi 400.000 metros cuadrados de espacios para el consumo y el esparcimiento, como los famosos Two Rivers, The Hub o NextGen Mall. Otras capitales menores, como Windhoek (Namibia) y Gaborone (Botswana), se encuentran en su era dorada del consumo, y el campeón es Sudáfrica, país que cuenta con más de 23 millones de metros cuadrados de superficies comerciales, siete veces más que la práctica totalidad de los países comprendidos en el Shop Africa 2016, un estudio publicado por la consultora Knight Frank. Aunque el desarrollo se componga de otros indicadores sociales y económicos que trascienden el gran atractivo producido por los malls, es indiscutible la transformación positiva que la globalización está generando en aquellos lugares otrora empobrecidos y marginados del progreso, contagiándolos del apetito por el lujo y el confort.

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