La ideología que deslegitima la JEP

Foto: Cortesía

Parece tarea imposible encontrar una serie de personas que estén descontaminadas del fango sucio de la política, la corrupción y el sesgo de pensamiento y creencias.


Una sabia frase nos dice: “la mujer del César no sólo debe ser honesta sino además  parecerlo”, y es que en este caso cae a la perfección ante un panorama gris que antecede la puesta en marcha, ahora sí, de la Justicia Especial para la Paz. Es compartido y razonable que todo proceso de negociación se tiene que someter a una justicia distinta a la ordinaria, todo por razones de beneficio para las partes, y por que se hace francamente imposible subyugar a la contraparte con lo ya predispuesto en un sistema establecido, que les pueden tornar un ambiente sumamente hostil para aceptar cualquier clase de sometimiento. Podríamos ratificar que no hay disenso en la necesidad de una justicia especial para el proceso, pero si el gran escollo del asunto se centra en como se crea, conforma y procede.

En Colombia si algo no se ha ocultado es la posición política e ideológica de miles de personas, el espectro no funciona sigilosamente y por el contrario, ahora con el auge de redes sociales, foros, medios de comunicación, entre otros; se expone con más frecuencia y vehemencia los pensamientos de académicos, abogados, empresarios, políticos y hasta deportistas. Por lo anterior, es fácil conocer como piensa una persona determinada, con qué comulga, qué defiende y qué ataca. Tanto es, que sin explicación alguna, porque tampoco tienen obligación, hoy los fallos de la justicia se conocen por medios de comunicación y los magistrados desfilan por las cabinas de medios de comunicación dando entrevistas.

Creerían algunas personas en algún momento bajo la ingenuidad del proceder correcto, que en un intento por erigir credibilidad, prestigio y causar confianza, la JEP estaría conformada por personas totalmente ajenas al mundo político, ideológico o activista. Acá lo que se viene es realmente grande, es juzgar un conflicto de más de 50 años y no una pelea de paintball de una hora. Sería excesivo aseverar que todo el país estaba pendiente de quienes conformarían ese tribunal, pero también sería un error creer que nadie o pocos lo estaban. Empresarios, industriales, militares, policías, políticos y cientos de personas si tenían muy presente esta elección, pues se trata de un tribunal en donde comparecerán supuestos victimarios y victimas del conflicto, con el gran pánico y malamente remembranza de los “testigos” que por ganar beneficios terminan echando culpa y lanzando inculpaciones a personas totalmente inocentes, como se ha visto en el pasado.

La JEP recibió 2.135 aspirantes a través del Comité de Escogencia del Tribunal, luego fueron 51 los escogidos. ¿Criticas?, muchas. Cientos de postulados cuestionaron tener mejores hojas de vida que varios de los escogidos, incluida más experiencia, cosa que nunca entendieron. Tampoco es buena seña que algunas de las personas escogidas tengan en su historial contratación con el actual gobierno, con ONGs de dudosa procedencia y financiación, además de haber expresado en ocasiones anteriores sus posturas ideológicas, políticas y religiosas, llegando al punto de pedir condenas y destierros para personas a través de sus redes sociales.

No queremos mancillar ni desde ya lanzar un manto de duda sobre quienes conforman ese tribunal, pero si creemos que para evitar suspicacias y más en estos momentos tan delicados que vive Colombia en materia de confianza, legitimidad en las instituciones y sentido de creencia en todo lo que compone el Estados, muchos de los escogidos deberían declinar su participación. No pueden estar allí personas que hayan pedido públicamente condenas contra personas, que se expresaran en contra de la institucionalidad o que haya recibido dinero por cuenta de todo el proceso de paz.

Se ha ido evacuando lo más arduo del proceso, se ha avanzado en un sentido claro y concreto, pero quizá esta clase de tropiezos son más que innecesarios, pues solo causan escándalos y debates como el de Cambio Radical y que no quieran apoyar la reglamentación de la JEP, o que peor aún, se preste para crear nuevas peleas políticas de cara a buscar réditos por las elecciones del 2018.

Ojalá los miedos no se conviertan en realidad y se demuestre que si se puede hacer por lo menos una cosa bien hecha en este país.

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