La Ley del látigo

Por: Cecilia López


Definitivamente el ministro de Defensa del actual gobierno, Guillermo Botero, decidió aplicar en su cartera la “ley del látigo,” obviamente sin medir las consecuencias de sus palabras. El Centro Democrático, partido que así no quieran es el que está en el poder, resolvió transferir –o mejor compartir– el látigo que lo ha caracterizado con esta cartera donde tiene a unos de sus más fieles representantes. No es la primera vez desde que asumió el cargo que el ministro Botero deja ver claramente su talante; la pregunta de fondo es qué será lo que va a hacer el presidente Duque con este personaje que definitivamente está borrando con el codo, por no decir a las patadas, la actitud conciliadora del presidente.

Su desprecio por la consulta popular lo había demostrado desde el primer día que tomó el mando de su cartera, pero sus últimas palabras ya les llenó la copa a muchos colombianos, especialmente en esos sectores en los cuales no cesan los asesinatos. Los líderes sociales, que se han vuelto los más indefensos en este país, con las palabras del ministro Botero entraron con toda la razón en físico pánico. Afirmar que la protesta social se ha financiado con plata de disidencias y bandas criminales, es absolutamente inexcusable. No hay forma de que el ministro Botero borre el significado de sus palabras, y con esto ha perdido credibilidad sin la cual es muy difícil poder cumplir a cabalidad con las responsabilidades de un ministro de Defensa.

Por desgracia para esta sociedad que se merece vivir en paz, sin amenazas, sin ofensas provenientes de quienes tienen el poder, el látigo se está volviendo una constante en el gobierno Duque. La forma como se ha planteado el tema de la drogadicción cabe totalmente dentro de este tipo de comportamientos. Látigo anuncia la ministra de Justicia, látigo la ministra de Educación, para no mencionar sino los casos más recientes, se adiciona el látigo de Botero. Colombia no es la misma de hace 16 años, cuando el látigo del entonces presidente Uribe caía muy bien en algunos sectores. Claro, que algunos siguen creyendo en ese método y por eso ganó, entre otras razones, el Centro Democrático la Presidencia de la República. Pero ahora, y esa es tal vez la diferencia que no captan quienes promueven posturas como la del ministro Botero, la realidad consiste en que mucha gente ve la posibilidad de una sociedad más civilizada, más racional, menos violenta y, definitivamente, con menos látigo.

Muchos colombianos se preguntan cuál es realmente el estilo del nuevo gobierno. La actitud abierta y querida del presidente o esta agresividad especialmente del ministro de defensa y de otros funcionarios. Ante esa diferencia en la forma de abordar los temas dentro del equipo de gobierno, la pregunta obvia es cuánto tiempo durará la mínima coherencia que debe darse dentro de la administración. Si de verdad hay brechas en las formas de concebir la función pública, de renuncia en renuncia vivirá la opinión pública colombiana en los próximos meses.