La mezquindad política en medio de una pandemia

El reciente llamado a una rebelión en contra de un Estado legítimo y legalmente constituido, hecho por el excandidato presidencial y ahora senador, Gustavo Petro, no es nada más que una actitud irresponsable, de mala vibra, innecesaria y peligrosa.


EDITORIAL

No queremos limitarnos en este editorial a hablar del senador Gustavo Petro, quien ya tiene acostumbrado al país a un discurso incendiario semana tras semana o a una andanada de palabras en contra del presidente Iván Duque, el Gobierno, varios mandatarios de otros departamentos y municipios, e incluso, de sus aliados políticos.

Petro pareciera concentrado definitivamente en cazar peleas en donde no las hay, en cuestionar cualquier movimiento que haga alguien distinto a él o que piense diferente sus ideales.

Al parecer el senador no ha podido superar su derrota electoral de hace 2 años y esto no le ha permitido dimensionar el momento tan delicado y grave por el que atraviesa el país, en donde solo asistimos al cierre de empresas, la destrucción masiva de empleo y a seguir navegando en un mar de incertidumbres por cuenta de este virus originado en China.

Lo que más da temor y es bastante irresponsable dentro del discurso del exalcalde destituido de Bogotá, es que aunque es claro que en una circunstancias como las que atraviesa Colombia actualmente, el Estado es quien debe atender esta compleja situación y tratar de detener la cantidad de efectos devastadores y nocivos de esta pandemia, pero para Petro no es suficiente esto y quiere ver el país arder.

Quiere ver a las personas en las calles reclamando, por lo que según él, el Estado le ha quitado a los colombianos o lo que simplemente no les da.

Acá no se trata de lo que supuestamente se ha quitado o no se da, acá se trata de que Colombia, con una economía precaria prácticamente desde sus inicios, con una estabilidad laboral relativa y con una escala muy pequeña de protagonismo en el concierto mundial, pues va a ser uno de los países más afectados por esta pandemia.

No importa quién sea el presidente, incluso, acá podríamos afirmar que hoy la mejor noticia que puede tener el país es que Gustavo Petro no es el presidente de Colombia en estos momentos.

Y decimos que es la la mejor noticia porque en una incertidumbre o una pandemia como la actual, se requiere de gobernantes serenos, pero no tibios, ni mucho menos ambivalentes o ambiguos.

Necesitamos gobernantes con una capacidad de decisión, ejecución y de visión de largo aliento muy probada, cualidades de las que Gustavo Petro se aleja ampliamente.

Tampoco defendemos cada decisión del actual presidente de la República, porque desde su posesión, cuando hemos tenido que hacerlo no nos hemos quedamos cortos en cuestionar y criticar desde la construcción algunas agendas y proyectos al gobierno encabezado por Iván Duque.

Sin embargo, creemos que en un país en el que de por sí ya había unos niveles de desigualdad considerables y una pobreza, que aunque ha mejorado en porcentajes invaluables en los últimos 20 años sigue siendo importante, volver a crear y a promover ese discurso del odio de clases, de la lucha social, de la estratificación, de que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres por cuenta de los ricos, no le hacen bien al país en estos momentos.

Entendemos que este es el caldo de cultivo del senador Petro y ahí están sus bases, con algunos ciudadanos inconformes y miles de personas han sido maltratadas por el actual sistema, al igual que centenares de personas que habrán desaprovechado oportunidades por su modo de vida, pero también millones de colombianos que han podido avanzar en este sistema.

Este es un viaje en el que todos estamos juntos, y como todo en la vida es relativo, a algunas personas les termina yendo mejor que a otros, pero jamás significará que si a alguien le va mal es por culpa de las personas a las que le va bien, que es como lo ha querido retratar el líder de la Colombia Humana.

No solamente es ligero, sino bastante cantinflesco, querer asemejar estas realidades a unas culpas indirectas, de manera que la mezquindad tiene que alejarse de una persona que es influyente como el senador Petro.

Pero no solamente es él, también de algunos alcaldes que están en un papel de pelea, cuestionamientos y exigencias sin sentido, críticas sin argumentos y en un plan simplemente de shows y reconocimiento en medios, el cual es nocivo para todas las personas porque no están ante pelando por los intereses de la población, sino por los personales.

Desafortunadamente esto es un reflejo de que las personas en Colombia siguen eligiendo mal, que nuestros gobernantes en una parte no están preparados, ni para gobernar sin una pandemia, ni mucho menos para hacerlo con una de estas.

En este experimento todo puede salir más mal que bien y lamentamos que Gustavo Petro sea parte de nuestro presente.

Solo esperamos que las personas que hoy les gusta el discurso de Gustavo Petro, porque sienten identificados con esos postulados, antes de querer ver al país arder en llamas y en una revolución social, piensen en estos cinco aspectos:

Primero, si han hecho todo lo suficientemente en su vida por salir adelante.

Segundo, si han accedido a las distintas herramientas que el actual Estado colombiano, que se ha vuelto bastante paternalista, provee y las ha usado de la mejor forma.

Tercero, si han sido responsables con su modelo de vida.

Cuarto, si cree que la solución a los problemas de Colombia son los modelos económicos de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Y quinto, si confían en alguien que se inventa enfermedades con el fin de arrastrar votos y generar pesar.

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