“La paz y el 60 por ciento” Columna de Federico Hoyos.

La paz y el 60 por ciento

 

Hace algunos días, el Presidente Santos anunció que alrededor del 60% de los colombianos no conoce los avances en el proceso de paz y que por lo tanto hay que afinar el tema de las comunicaciones para lograr que la ciudadanía conozca el progreso de la mesa de negociaciones en Cuba.

A propósito de los resultados de la encuesta en mención y las conclusiones que de ella obtuvo el Presidente de la República, quisiéramos plantear dos interrogantes. Primero: ¿Tienen efectos reales y palpables los supuestos acuerdos logrados en la mesa de La Habana para el ciudadano de a pie? Segundo: ¿Es realmente el problema del gobierno un tema de falta de transmisión en la comunicación o lo que realmente está fallando es la negociación en sí?

En cuanto a la primera pregunta, consideramos que el resultado realmente importante en la mesa de diálogos es la entrega de armas y desmovilización de los guerrilleros, todo lo demás que suceda allí por importante que lo quieran hacer ver, no tiene efectos directos en la percepción de la ciudadanía, pues ¿qué le importa a un campesino de Chinchiná, Caldas, que anuncien un acuerdo agrario con la guerrilla o su eventual participación en política? Para el ciudadano que ha sufrido la violencia, directa o indirectamente los anuncios sobre los puntos acordados en Cuba, no tienen mayor relevancia e impacto pues no se manifiestan en acciones concretas y visibles como sí lo sería una entrega de armas y desmovilización.

Los colombianos quieren una paz real que sientan en las calles y en el campo y no la apertura de una comisión histórica para establecer las causas de la violencia en el país, o la firma de acuerdos en papel sobre el agro o la participación en política. Seguramente los negociadores del gobierno esperan que con lo primero (acuerdos) se alcance lo segundo (desmovilización y entrega de armas) pero si los diálogos se quedan patinando en acuerdos, anuncios y no en resultados, el proceso de paz se desgastará lentamente, hasta convertirse en una verdadera prueba de resistencia en donde la guerrilla no tiene mayor cosa que perder pues están acostumbrados al aguante y no el gobierno quien a diferencia, tiene sol a sus espaldas y la opinión pública vigilante.

En cuanto al segundo punto, el problema va más allá de la comunicación y es de fondo no de transmisión del mensaje, pues suficiente cobertura e influencia mediática tiene el gobierno para comunicar lo que quiera todos los días en canales, emisoras, periódicos y revistas. El problema no es de comunicación, el problema es de carencia de hechos que respalden los anuncios, pues de nada sirve contar que se ha alcanzado un acuerdo frente al tema de las drogas con la guerrilla, si la misma noche los noticieros presentan la voladura de una torre de energía y  el ataque a una estación de policía en algún rincón del país..

El gobierno puede estar convencido de buena fe que ha alcanzado “acuerdos históricos” en La Habana, pero lo cierto es que si dichos acuerdos no están acompañados de hechos reales de paz y la guerrilla continúa su accionar delictivo, todo lo que se pacte en la mesa quedará opacado y silenciado por el estruendo de la violencia. El problema no es que el 60% de los colombianos no conozca los avances de las negociaciones, es posible que el problema sea que esa mayoría no siente que lo acordado se refleje en la cotidianidad, pues la paz más que un discurso debe ser una realidad.