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Amarillismo, calidad, publicidad, clic y suscripciones: la pesadilla en los medios de comunicación

Antioquia
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Los últimos siete años han sido extremadamente complejos, tanto para los medios de comunicación tradicionales, como para la mayoría de quienes han iniciado nuevos proyectos.


Por: Redacción 360 Radio

La difícil predicción del comportamiento de las personas y la expansión de plataformas publicitarias y de servicios en streaming, han sido fenómenos del mercado que han modificado en gran medida el funcionamiento de los medios de comunicación.

El escenario actual para los medios de comunicación de todo el mundo, pero que en este caso analizaremos puntualmente los de Colombia y la región de Iberoamérica, tiene de todos los ingredientes, una mezcla con diversos factores que hoy tiene a una gran porción de los medios de comunicación en aprietos a nivel financiero y de crecimiento, pues el crecimiento de cualquier empresa va sujetado a la cantidad de inversión que se haga, a cómo pueda competir, cómo pueda producir, y desde luego, que vaya a la par de las exigencias del mercado, donde se ha encontrado uno de los principales escollos.

En el caso de Colombia, en los últimos años las personas han contado con mayor acceso y conexión a Internet a través de sus hogares, oficinas e Internet móvil, alcanzando una incidencia para más de 34 millones de personas. De esta cantidad, el 76% es activo en las redes sociales existentes, cifra que va creciendo, entre ellas, en las más conocidas como, Facebook, Instagram, YouTube, Twitter, TikTok, entre otras. También se incluye el acceso a las nuevas plataformas de suscripción, las de música como Spotify o las de video que inicialmente era Netflix, y que ahora compiten con Disney, HBO, Amazon Prime, en una lucha constante con el mercado de la televisión, debate interesante, incluso, a nivel de impuestos. En algunos países de Europa y Asia han impuesto ciertas cargas tributarias a estas compañías que en otras naciones como Colombia siguen exentas de tributación, pero a mayor oferta de contenido y claramente, a mayor capacidad de oferta comercial con una competencia feroz por ganar suscriptores por parte de cada una de las empresas de los distintos elementos de comunicación, se suma el mal momento económico que vive gran parte del mundo por cuenta de la pandemia.

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En Colombia, además del COVID-19, se suman otras problemáticas como los paros y bloqueos económicos que se han registrado en los últimos meses, los cuales han disminuido la capacidad adquisitiva de las personas, reducción de presupuestos, tanto de los hogares como de las empresas; los primeros, para consumir medios y suscripciones, y los segundos, para invertir en publicidad.

Las personas en Colombia históricamente han demostrado un pequeño interés por leer y antes de que se midiesen a través del acceso a teléfonos, tablets o computadores para poder enterarse de las principales noticias o información, los colombianos en promedio estaban leyendo dos libros al año, siendo la mayoría un libro al año, en medio de la pandemia estamos en 2,7%, muy por debajo del promedio latinoamericano y también español. Como si fuera poco, además de que los colombianos leen pocos libros, y por ende, estén consumiendo más información y más medios de comunicación, siguen manteniendo el mismo promedio de lectura – que es muy bajo – donde en una gran mayoría se quedan con lo que ven en los titulares, ni siquiera abren los links de las noticias, y si lo hacen, esa otra porción llega a los subtítulos y mayoritariamente al primer párrafo, entonces estamos teniendo una gran desinformación, pues están configurando un espectro donde las personas creen consumir, informarse y actualizarse, pero dejando de un lado la capacidad de comprensión, discernimiento, entendimiento y contexto, y desde luego, de verificar lo que están leyendo.

Uno de los principales retos que trajo la pandemia, las elecciones políticas y los acontecimientos tan complejos como son los de orden público, seguridad y temas sociales, es la desinformación. Muchos medios por el afán de ganar clics y sobrevivir un poco en medio de toda esta competencia, han caído en esa demanda del consumidor, que es barata, ligera, atraída simplemente por el sensacionalismo, el titular amarillista y no realmente por un consumo autónomo, genuino y unilateral, eso lo demuestra la deficiente suscripción a medios que los colombianos tienen en la actualidad.

Si bien el panorama a nivel mundial no es el mejor, si se compara lo que sucede en Colombia respecto a Estados Unidos, Chile, España, México y Argentina, es bastante lamentable. En Estados Unidos entre el 20% y el 24% de las personas están pagando alguna suscripción a un medio de comunicación; en España entre el 14% y el 17%; en los países escandinavos entre el 26% y 29% y en Alemania entre 10% y el 12%. En España más de 370.000 personas están pagando suscripción para acceder a los medios de comunicación

En Colombia, como en todo el mundo, a los medios que han tenido circulación impresas se les ha afectado el negocio durante el primer año de la pandemia por cuenta de la reducción en su rotativos, no solamente porque las personas no estaban en las calles, sino porque muchas tomaron como prevención el no recibir diarios, periódicos o revistas en su casa para evitar posibles contagios.

Todo lo anterior ha creado una tormenta perfecta, en el caso específico de nuestro país, para los más de 640 medios digitales, 306 de ellos nativos, exclusivos en Internet y otro importante número de programas de radio, emisoras o medios comunitarios.

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El panorama es complejo, por ejemplo, esa mayor oferta de información, entretenimiento, y todo lo que hoy están teniendo a la mano las personas, como los servicios de música, audiolibros, podcasts, la posibilidad de ver películas en un móvil, tener radio desde cualquier lugar del mundo en la palma de la mano, acceder a películas, series, documentales, videojuegos y redes sociales, busca copar más espacio en la agenda de las personas, quienes tendrán que ser mucho más selectivas a la hora de escoger qué van a consumir y cómo lo van a hacer.

Que en Colombia se usen más plataformas como YouTube, Facebook, WhatsApp e Instagram, por encima de Twitter, deja mucho que decir sobre el nivel de opinión y consumo de medios en Colombia, y desde luego, el auge de redes sociales como Tik Tok y Snapchat, han atraído otro tipo de audiencias y de creadores de contenido, como los ahora llamados Influencers que están ocupando ese gran podio de supuesta información, muchas veces controversial, contenido que no está informando a las personas, sino que son espacios de entretenimiento.

La opinión y ese segmento calificado de las redes sociales en Colombia para varios analistas está circunscrito en una red social y es LinkedIn con cerca de 9 millones de usuarios, una red laboral, empresarial y claramente más calificada que otras mencionadas, después está Twitter con cerca de 3 millones de usuarios, un pequeño porcentaje para el total de acceso a conexión que existe en el país.

Esto ha llevado a que las empresas que invierten en publicidad tengan que diversificar su inversión, muchas de ellas en tiempos de pandemia o coyunturales toman la decisión, contrariando a tendencias de países como Estados Unidos y España, de disminuir las inversiones, el gasto total varía y varía buscando llegar a la mayor cantidad de personas al menor precio posible. Bajo esta ecuación, muchas empresas han perdido dinero, optando por este canal de inversión, con menos impacto, algo mínimo. Hoy la segmentación de mercado en Colombia sigue siendo absolutamente deficiente, precaria y, sobre todo, con una asimetría grande en los grupos poblacionales que las empresas quieren alcanzar a través de sus anuncios, de tal manera que para muchas empresas ha sido más atractivo transmitir a través de plataformas streaming su publicidad, donde supuestamente le van a llegar a más personas, pero en realidad no es así. 

El presente para los medios de comunicación a nivel de ventas y de sobrevivencia es caótico, debido a que muchos han tenido que decantarse por dos caminos: primero, entregarse a grandes grupos económicos que no tienen ningún inconveniente en tener pérdidas continuas en estas empresas porque están sosteniéndolas a través de sus negocios bancarios, infraestructura, telecomunicaciones, minero energético, asegurador u otros, porque ese aumento del consumo de medios en Colombia no se está traduciendo en ingresos. El clic en Colombia se paga muchísimo más barato que en otros países y hay intermediarios de publicidad que están siendo bastante desconsiderados con el trabajo. Recomendamos leer lo ocurrido en Australia, donde reglamentaron a Google por parte del Gobierno, la compañía tiene que pagar por los contenidos, no como ocurre en Colombia y en otros países.

El segundo camino ha sido el caer en el clickbait, el amarillismo, sensacionalismo por el objetivo de llegar a la mayor cantidad de personas posibles para poder sobrevivir. De ahí ha nacido la desinformación, falta de contexto, contenido, ausencia de calidad periodística y el entregarse a grupos políticos para que sean sostenidos, lo cual genera una autocensura en los medios, que se convierte en una distorsión grande para las personas. Los informativos tienen que responder a esa demanda de los usuarios, que no quieren pagar suscripción, no quieren ver publicidad, quieren que la información le llegue a la mano, pero tampoco quieren que los bombardeen con información que se pueda convertir en spam o con muchas notificaciones.

El consumidor colombiano de medios ha sido absolutamente injusto, pero a la par, se terminan quejando por la calidad de información que se genera. Ese reto que tienen los medios de comunicación en Colombia es gigantesco, para tratar de que las personas lean bien, consuman la noticia, paguen por un servicio  de información, donde les garantizan que es algo de calidad, confiable, neutro y que está atendiendo a una demanda en el mercado, pero si Colombia y sus usuarios siguen en este camino trazado, van a terminar con medios sometidos a grupos políticos, entregados y comprados pot grandes sectores económicos y otros que van a sobrevivir con el clickbait, con ese amarillismo, sensacionalismo y el periodismo de calidad se extinguirá.

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