La reforma pensional no da espera

Por: Alberto Bernal


Un amigo me decía el otro día que me había convertido en el “médico al que no le importa darle las malas noticias a la familia del paciente”. Mi amigo tiene toda la razón, los años me han convertido en un ser más directo y al que no le importa dar malas noticias. Y eso es lo que pienso hacer en esta columna.

Estimado compatriota, le voy a contar la verdad sobre el sistema pensional colombiano: nuestro sistema es una verdadera vergüenza. Pero no por las razones que plantea el progresismo, al que le encanta echarle la culpa a los fondos de pensiones privados, sino por la barbaridad que es el sistema de reparto, mejor dicho, el sistema gubernamental de pensiones.

Un par de números: durante 2018, el Estado colombiano va a gastar $919.000 en atender un paciente, gastará $3,9 millones en educar a un niño y gastará $19,6 millones en subsidiar una pensión. Mejor dicho, el Estado va a gastar 21 veces más pagando pensiones que atendiendo el costo de lidiar con los enfermos.

Otros números patéticos: durante 2018 el gobierno nacional va a gastar $41,2 billones de pesos en fondear 2,1 millones de pensiones en un país donde hay más de 6 millones de adultos mayores, y va a gastar solo $1,9 billones en agua y saneamiento, que beneficia a casi 10 millones de personas.

Pero es aún más grosero este número: el Estado colombiano va a gastar $1,4 billones en darle algo de sustento mensual a 1,5 millones de adultos mayores en Colombia para evitar que caigan por debajo de la línea de la indigencia, mientras gasta $41,2 billones, 30 veces más, en subsidiar 2,1 millones de pensiones. Absurdo.

Pareciera que muchos colombianos no entienden que los recursos son limitados. Si gastamos tanto en pensiones hay menos recursos para educación y salud. La verdad no es tan difícil de entender.

La realidad de las cosas es que el sistema de pensiones de reparto (el público) se ha convertido en un sistema obsoleto, debido a los altos niveles de informalidad que existen en Colombia, al incremento de la longevidad, y a la impresionante caída en la tasa de natalidad que se ha evidenciado en las últimas décadas, implicando que ya no hay suficientes jóvenes subsidiando las pensiones de los mayores actuales, el sistema de reparto está colapsando.

Además, como el sistema está tan mal diseñado en Colombia, gran parte de las pensiones altas que reciben algunos privilegiados están casi completamente subsidiadas por el estado. Bajo el sistema actual, en algunos casos, el Gobierno subsidia la pensión de un individuo que se retiró con un salario alto hasta por más de $1.000 millones. Esto es una aberración cuando hay tanto niño en Colombia pasando hambre.

¿Qué hay que hacer para acabar con esta injusticia? Algunas prioridades: primero, hay que trabajar en incrementar la cantidad de gente que cotiza para pensión y de esa forma reducir los subsidios del gobierno central a las pensiones; segundo, toca entender de una vez por todas que el régimen de pensiones de reparto es inviable porque la población se está envejeciendo y los millenials no están teniendo hijos; por último, toca cambiar la fórmula que se usa en Colombia para calcular las pensiones que recibirán los futuros pensionados.

Toca ajustar la fórmula porque NO PUEDE SER que la pensión máxima en Alemania sea de unos US$2.500 al mes cuando en Colombia es de cerca de US$7.000. ¿A quién le cabe en la cabeza que es lógico que la pensión de vejez en Colombia sea tres veces más alta que en Alemania?