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La tarjeta de crédito como motor de la inclusión financiera

Foto: Cortesía
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Este contenido hace parte de nuestra quinta edición de 360 Revista.


Por: Cristina Arrastía, vicepresidenta de Negocios de Bancolombia

Según el Banco Mundial, la inclusión financiera significa que personas y empresas accedan de manera responsable y sostenible a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades en materia de transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguros. Esto cobra especial relevancia en la etapa de reactivación en la que estamos, pues el acceso a servicios financieros es un instrumento clave para apalancar el crecimiento económico, reducir la pobreza y lograr mayor equidad.

Todos los actores de este ecosistema debemos trabajar de manera conjunta para garantizar que, en un entorno en el que la digitalización se expande de manera cada vez más rápida y profunda, todo tipo de usuarios puedan contar con productos y servicios más eficientes, rápidos, seguros y de fácil acceso.

Uno de los instrumentos con los cuales hemos podido promover la inclusión financiera, el acceso a financiación, la digitalización en los servicios y, por supuesto, el crecimiento económico, es la tarjeta de crédito. Datos de Asobancaria señalan que, al cierre de 2019, unos 8,5 millones de personas en Colombia eran titulares de este medio de pago.

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Hoy, el mercado ofrece distintas alternativas que se ajustan a las necesidades y estilos de vida de cada usuario, que además se convierten en la forma en que muchas personas van construyendo su carta de presentación ante el sector financiero, lo que les permite acceder a más productos y servicios que les ayudan no solo a financiar necesidades, sino a impulsar su desarrollo económico.

Justamente, las tarjetas son un mecanismo formal que nos ha permitido llegar con crédito a la base de la pirámide. Normalmente, la mayoría de las personas comienzan su vida crediticia por medio de créditos de bajos montos, generando así garantía reputacional, y con lo que, a partir de un buen comportamiento crediticio, aumentan sus posibilidades de acceder nuevos créditos de mayor cuantía e importancia, lo que se convierte en un importante factor de cambio de vida de las personas.

Además de brindar acceso a financiación, las tarjetas de crédito les dan a las personas distintas alternativas en medios de pago, con mayores estándares de seguridad, facilidades de pago y beneficios adicionales (puntos, descuentos, seguros, servicios adicionales, entre otros). Igualmente, ofrece trazabilidad sobre las operaciones que realizan los usuarios, lo que les permite organizar sus finanzas personales y tener un mayor control sobre sus gastos.

Esto representa también un beneficio para el país en su conjunto, pues más alternativas rápidas, seguras y fáciles de usar contribuyen a dinamizar la actividad económica del país, al tiempo que aumentan la transparencia y la trazabilidad en las transacciones, disminuyendo así la evasión.

Los últimos meses han sido de grandes avances en materia de inclusión financiera, al punto que el 85,9 % de los adultos en Colombia tienen al menos un producto financiero. Esto se produjo gracias a que las medidas de distanciamiento social a raíz de la pandemia aceleraron la digitalización, el uso de medios de pago distintos al efectivo y las compras por internet. Sin embargo, las entidades del sector y demás actores de esta industria tenemos que seguir avanzando en lograr que más personas puedan acceder a las ventajas del sistema financiero formal, especialmente aquellas que han sido tradicionalmente excluidas y quienes están fuera de los centros urbanos.

Somos conscientes del déficit que existe en Colombia en materia de acceso a servicios financieros, sobre todo para los más vulnerables y las personas que están en áreas rurales. Por eso, en Bancolombia, como parte de nuestro compromiso de promover desarrollo económico sostenible para lograr el bienestar de todas las personas, ponemos a disposición del cliente nuestras capacidades, capilaridad y experiencia en el sector con el objetivo de que más personas y empresas cuenten con el acompañamiento financiero para atender sus necesidades y financiar sus proyectos, y podamos ayudar a mejorar la experiencia de quienes ya están bancarizados.

Todo esto debe ir de la mano con la educación, para que las personas puedan apalancar su crecimiento económico de manera responsable, con visión de largo plazo y cuidando de su salud financiera.

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