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Las basuras

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Por: Cecilia López Montaño

Triste espectáculo se ha visto en los medios de comunicación sobre la forma como la población de Barranquilla maneja sus basuras. Desafortunadamente, no es un problema exclusivo de esta ciudad, pero hay claras excepciones y esto se evidencia cuando se viaja al exterior. Calles impecables como las que se ven en Washington D.C. o en Oslo, aquí en nuestro país no existen. Sin embargo, en nuestra ciudad adquieren mayor gravedad, por el serio problema de los arroyos que, aunque por fin se está haciendo algo, siguen siendo un drama para la población. Pero ver colchones, muebles viejos, ropa y enseres del hogar tapando desagües no son ninguna ayuda. Así no habrá solución posible para no ver la ciudad inundada. Y no se equivoquen, la culpa no es solo de la lluvia.

Se trata de aprovechar esta oportunidad para hablar de cultura ciudadana. Se había escuchado hace algún tiempo sobre la realización de un contrato con Antanas Mockus precisamente con ese fin. O no se realizó o no sirvió para mucho, porque inclusive con los desperdicios que se botan en los parques hace rato se viene identificando la falta de este tipo de educación.

Hay un desprecio por este tipo de cultura que puede contribuir a hacerle la vida miserable a quienes tienen que convivir con malos comportamientos de la gente. Pero precisamente en la Región Caribe es donde se debería insistir más en esas reglas mínimas de convivencia, porque por su clima y su manera de vivir, la calle y los espacios públicos son muy importantes para la socialización. ¿Habrá algo que reemplace las mecedoras en el andén en algunas zonas de las ciudades costeñas, pero ciertamente en los pueblos, como claves para saludar a los vecinos y enterarse de lo que sucede alrededor? ¿Y eso será posible con calles inundadas de agua y llenas de basura?

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Por sus consecuencias en términos de bienestar de la población, estas normas mínimas de comportarse en comunidad deben empezar por el mejor manejo de las basuras, de los desechos, y en eso tienen responsabilidad las autoridades. Pero esta educación empieza en casa y en la escuela, donde volver a la educación cívica es una demanda permanente en este país. Si esto se logra, se puede seguir con el ruido, la música a todo volumen y muchas otras fallas de nuestra sociedad que nos anclan al subdesarrollo.

No es este un tema menor, porque de alguna manera la falta de reglas mínimas para vivir en sociedad genera violencia, especialmente en nuestro país, donde no se necesita mucho para reaccionar violentamente. Esa falta de educación cívica también está generando muertes evitables, como los colados en los sistemas masivos de transporte que terminan muertos por ahorrarse un tiquete. Es un deber de las autoridades velar porque su población se eduque, contribuya a que las inversiones que se hacen por parte del Estado no se pierdan, no se destruyan. Educar para convivir en paz es una excelente inversión, señores alcaldes.

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