La próxima década estará marcada por la velocidad del cambio. La aceleración tecnológica y la adopción de la inteligencia artificial están transformando la manera en que se trabaja en las organizaciones. En ese contexto, el principal reto de las empresas no es únicamente incorporar nuevas tecnologías, sino formar a los líderes capaces de gestionarlas. Colombia no definirá su competitividad solo por su capacidad de innovación, sino por las capacidades que desarrolle en su capital humano.
Las competencias que resultaban efectivas en entornos estables conviven hoy con la necesidad de tomar decisiones en contextos de mayor incertidumbre. En esa línea, estudios globales como el Workplace Learning Report 2025 coinciden en señalar el liderazgo y la inteligencia artificial como los principales desafíos y, a la vez, las mayores oportunidades de desarrollo del momento. Que ambos aparezcan juntos no es casual, el desarrollo de habilidades técnicas y el fortalecimiento de competencias son, cada vez más, parte de un mismo proceso.
Por: Catalina Restrepo, gerente de Talento Humano, Grupo SURA
En ese contexto, hay competencias que serán determinantes. La primera es la capacidad de leer e interpretar el entorno: leer los cambios tecnológicos, regulatorios y de mercado que avanzan de manera simultánea, conectar señales que muchas veces parecen aisladas y ejercer criterio para tomar decisiones en medio de una transformación constante.
La segunda es la curiosidad. No solo para comprender el mundo que nos rodea, sino también para entendernos a nosotros mismos y reconocer aquello que nos hace irremplazables. En una época en la que la tecnología amplía el acceso al conocimiento, la capacidad de formular nuevas preguntas se vuelve más valiosa que nunca. La curiosidad es la que nos impulsa a cuestionar por qué las cosas son como son, a desafiar aquello que damos por sentado y a imaginar nuevas posibilidades.
La tercera es la comunicación. Aunque herramientas como la inteligencia artificial pueden procesar, almacenar y traducir el lenguaje a gran velocidad, el significado sigue siendo una construcción profundamente humana. Son las conversaciones las que permiten generar confianza, alinear visiones, movilizar equipos y transformar datos en decisiones.
La cuarta es la gestión de la incertidumbre, una competencia cada vez más valiosa para movilizar equipos sin desgastarlos. Y la quinta, que sostiene a las demás, es el sentido de humanidad, al mantener al ser humano en el centro de las decisiones, entendiendo el talento no solo como una capacidad individual, sino como una capacidad colectiva que permite movilizar conocimiento, adaptarse al cambio y generar valor de manera sostenible.
Ninguna de estas competencias es innata: todas se desarrollan. Por eso, en Grupo SURA entendemos la formación no como un gasto, sino como una decisión estratégica y sostenida en el tiempo, orientada a fortalecer una capacidad colectiva: la de aprender de forma continua, trabajar de manera articulada y desarrollar las competencias necesarias para responder a un entorno en transformación. En ese contexto, el mayor desafío no es tecnológico, sino humano y completo, cómo desarrollamos el talento para que, desde la diversidad y la colaboración, pueda responder con las competencias requeridas para tener criterio en un entorno cada vez más dinámico.
Esta urgencia no es abstracta. Según el informe Global AI Diffusion de Microsoft, en el primer trimestre de 2026 cerca del 24.5 % de la población colombiana en edad laboral ya había utilizado herramientas de inteligencia artificial, una cifra que ubica al país entre los de mayor adopción en América Latina, por encima de Brasil, México y Argentina.
Es un dato positivo que, al mismo tiempo, plantea un reto; la adopción individual suele avanzar a mayor ritmo que la incorporación de estas herramientas en las organizaciones. Y ahí está, quizás, la tarea de liderazgo más importante de esta década no basta con usar la inteligencia artificial, hay que aprender a integrarla con criterio en nuestros equipos. Más que preguntarnos por el alcance de la tecnología, el desafío está en complementar su capacidad de procesamiento con aquello que aportan las personas: el criterio, la ética, la comunicación y el juicio para decidir cuándo, cómo y para qué utilizarla, para que así desarrollemos un esquema de competencias integral y completo.
Por eso, el liderazgo que Colombia necesitará en los próximos diez años no se limita a capacidades individuales; se construye desde organizaciones que impulsan el aprendizaje, fomentan la colaboración y confían en el potencial de las personas para seguir evolucionando. En un entorno donde el cambio es la única constante, desarrollar talento no es solo una responsabilidad empresarial, es una de las decisiones más estratégicas para construir organizaciones más resilientes y preparadas para el futuro.
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