Las fiestas clandestinas: la ruleta rusa del Covid-19

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A pesar de que el país ya suma más de 2 millones de casos positivos y más de 50 mil muertes por Covid-19, la indisciplina ciudadana sigue impidiendo que se disminuyan los contagios.


Por: Redacción 360 Radio

Además de portar incorrectamente el tapabocas, de tener una mala higiene de manos y de irrespetar el distanciamiento social en las actividades del día a día, hay quienes no han comprendido la gravedad del asunto y organizan o asisten a las, ahora famosas, fiestas clandestinas.

Diariamente, las redes sociales se inundan de fotografías y videos que dan cuenta de estas reuniones: alcohol, drogas, prostitución y, por supuesto, ningún protocolo de bioseguridad que proteja la salud de los participantes.

En estos lugares, que suelen ser casas, apartamentos, fincas o establecimientos comerciales, se congregan hasta más de 100 personas que no llevan consigo la mascarilla o, en el último caso, no se les exige para ingresar al sitio.

Como lo expuso Braulio Espinosa, alcalde del municipio de Envigado en Antioquia, no es preciso culpar a los bares y discotecas que sacan adelante sus negocios de manera responsable, sino a aquellas personas y demás establecimientos que actúan con completa libertad y toman la actual crisis sanitaria como algo que no los puede afectar ni a ellos ni a las personas con quienes conviven.

Otro de los puntos más graves de la realización de fiestas clandestinas es que ocurren en medio de los toques de queda impuestos por las autoridades a nivel local y nacional. Algo que no solo incumple las restricciones gubernamentales, sino que posibilita la imposición de multas y demás penalidades para la ciudadanía, así como que se presenten situaciones de intolerancia.

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En este contexto, la administración pública debería fortalecer sus estrategias de vigilancia para evitar que las fiestas clandestinas continúen celebrándose, mientras que cientos de personas mueren a diario, las UCI están en sus niveles más altos y los casos positivos continúan en aumento.

Es necesario que los ciudadanos tomen real consciencia sobre esta problemática que ha arrinconado al mundo entero durante más de un año. Sin duda, las fiestas clandestinas suponen uno de los focos de contagio más fuertes, porque por el desarrollo mismo de la reunión las condiciones propician que no exista distancia, ni uso continuo del tapabocas o que se cumpla con las condiciones higiénicas necesarias.

Cabe mencionar que también funcionarios públicos y miembros de la Policía han participado en fiestas clandestinas, irrespetando las instituciones a las que pertenecen y fallándole a la ciudadanía. El llamado a actuar con coherencia y sensatez es para todos, pues de cierta forma hoy podemos elegir si poner en riesgo nuestra salud y la de los nuestros o contribuir a la lucha contra el virus.

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