La legítima defensa no se puede cuestionar

Luego de que un ciudadano se defendiera de un grupo de atracadores y les diera de baja, en hechos ocurridos el pasado jueves en Bogotá, ha suscitado nuevamente el debate sobre si la legítima defensa debe permitirse o no.


EDITORIAL

Desde este medio de comunicación hemos siempre defendido la libertad individual, el derecho a la propiedad privada y la seguridad de esta, así como también el derecho a vivir en paz y tranquilos en una sociedad, en donde los derechos de alguien lleguen hasta donde empiecen los de un tercero, pero sobre todo, en donde se resguarde la integridad de las personas que se encuentran en la legalidad.

No es tan difícil entender que uno quiera pedir la protección del Estado para preservar la vida de los ciudadanos que día a día trabajan y luchan por sacar a delante sus vidas y las de sus familias, lo cual ni siquiera habría que pedirlo, pero lo cierto es que estamos en Colombia y este, aunque sea un derecho básico, acá no lo tenemos garantizado.

Miles de atracos ocurren en Colombia todos los días, cada hora tenemos raponazos, fleteos, cosquilleos o cualquier caso de modalidad nueva para hurtar las pertenencias de las demás personas, desde un celular, un bolso, una cadena, joyas, un reloj, sumas de dinero, una moto, un carro o un apartamento, porque para innovar en eso siempre somos los primeros.

El caso es que esto ha terminado en un gran problema, pues la ilegalidad se volvió parte del paisaje y ya se nos ha vuelto normal ver en noticias cómo roban a los ciudadanos, cómo los delincuentes salen corriendo y aunque estos sean capturados, al poco tiempo quedan en libertad; todo un círculo vicioso que cada vez se hace más grande. 

En este medio de comunicación hemos hablado hasta más no poder, con extremo cansancio, desolación y decepción sobre este flagelo, pero claramente mientras los delincuentes se sigan dando cuenta que la justicia está del lado de ellos, que la policía poco o nada puede hacer y que la gran mayoría de los ciudadanos están desarmados o indefensos, van a seguir como si nada y no van a tener inconveniente en seguir con sus actividades delincuenciales como estilo de vida.

Lo más lamentable es que en estos momentos no se vislumbra una reforma a la justicia, pero una reforma a la justicia que sí impacte realmente al ciudadano del común, la cual es extremadamente necesaria y es una deuda que hay con los colombianos desde el Gobierno pasado.

Como están las cosas hoy, tal parece que con Iván Duque tampoco pasará nada, nos tocará seguir esperando por mucho tiempo, e incluso, puede que ni se haga, porque evidentemente una cosa es lo que entra al Congreso y otra la que sale.

Además, aunque sea difícil de creer, tenemos congresistas que defienden públicamente a los delincuentes; según ellos, quienes están la criminalidad lo hacen porque son muchachos carentes de oportunidades, porque han sido de malas, porque la ciudad es injusta, entonces debemos tenerles paciencia, ser tolerantes y protegerlos…

Sin embargo, basta solo con mirar lo que se hace con los delincuentes en las ciudades principales del mundo, cómo se defienden los ciudadanos o cómo actúa la policía y la justicia, para darnos cuenta realmente quién es el que está mal.

De cualquier forma, la tarea radica en aspectos muy básicos y elementales, como por ejemplo, las debidas diligencias que el Gobierno debería hacer a través del Congreso de la República, el verdadero fortalecimiento de la Policía Nacional a través de más herramientas tecnológicas o permitir que los ciudadanos puedan portar armas y usarlas para defenderse, siempre y cuando pasen unas pruebas psiquiátricas o de otra índole.

Además, se debe garantizar que quienes cometan delitos no vayan a quedar impunes y eso solo le logra construyendo más cárceles, para que existan más cupos y estos criminales no queden libres por cuenta de lo que hoy es el hacinamiento carcelario. 

Asimismo, que la policía que hoy es vituperada, atacada y linchada en las calles de Colombia, puedan tener más facultades para defenderse, porque no tiene ningún sentido que cualquier procedimiento que realicen en contra de delincuentes sea cuestionado e investigado.

Se debe trabajar en un objetivo y en un fin muy lógico: que las personas que están del lado de la legalidad puedan estar tranquilos en las calles, en sus casas o en sus vehículos, sin temor alguno a poner en riesgo la integridad o a que les vayan a quitar la vida por robarles un celular.

Aprovechamos este espacio para reiterar nuestra solidaridad con el médico que tuvo que reaccionar de esta manera para defender su vida; lo acompañamos, lo respaldamos y nos alegra saber que ha recuperado su libertad luego de presentarse a las autoridades.

Esperamos que más colombianos como él, si dentro de sus posibilidades está y sin exponer su vida, se defiendan de la cantidad de delincuentes que hoy acechan las calles colombianas mientras llega una actuación contundente por parte del Estado.