Lo que debería hacer el Gobierno en materia fiscal

Cualquier gobierno puede afrontar una época de vacas flacas y otros vivir una época bonanza, pero para cualquiera de los dos casos es necesaria una estricta responsabilidad y rigurosidad en el ahorro, gasto y pago de deuda.

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El dinero público no se puede convertir en un objeto que no tenga dolientes, principalmente porque es fruto en su mayoría de un esfuerzo muy significativo por parte, en el caso de Colombia, de miles de micro, pequeñas y medianas empresas. También, grandes empresas que aportan un volumen muy importante de impuestos, generan miles de empleos, desarrollo e inversión, lo que hace que el país se mueva. Casi siempre, detrás de esas empresas que pagan esos impuestos, están las personas que también pagan impuestos directos de renta, que siguen siendo el mismo 30% de la población para mantener al otro 70%, y que por ambos lados están soportando altísimas cargas tributarias.

Otra porción de la torta llega a través de los impuestos indirectos, como el IVA, quizás el impuesto más conocido. Un impuesto que no solamente es alto para la región, sino que está prácticamente aislado de cualquier discusión política responsable e innecesaria, porque recaen allí argumentos de populismo que no permiten hacer modificaciones, como bajar a un impuesto plano del 12% o del 10% eventualmente.

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Y hay una parte de esos recursos de impuestos que son ingresados al gobierno por cuenta de los recursos naturales que el Estado tiene, que son explotados y cuyos dividendos y los impuestos generados son retribuidos al Estado por ser el dueño de esos recursos.

Ahora estamos enfrentando algo que, por lo menos en los últimos 20 años, Colombia no había tenido que presenciar. Ni siquiera en 2008, con la crisis mundial financiera, cuando el entonces gobierno de Álvaro Uribe Vélez logró, por fortuna, sortear semejante desafío. A pesar de una economía que aún estaba en pañales, ahora tenemos que venimos de tres gobiernos, el último de Juan Manuel Santos, el de Iván Duque y el de Gustavo Petro, que han exacerbado el gasto público, no solamente en clientelismo y burocracia, sino en el portafolio de subsidios a millones de colombianos, casi 20 millones de colombianos, algo que no tiene sustento.

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Para ser franco, cada vez es más gasto, gasto, gasto sin ningún control. Los gobiernos anteriores han sido ligeramente más respetuosos al no querer volar la regla fiscal. Ahora, este gobierno dice que se va a volar la regla fiscal, que no pasa nada, que es un comité de señores autonombrados que se creó en el gobierno de Santos, pero que no pasa nada. Segundo, que en su momento no se iban a pagar las deudas. ¡Por Dios! No habría algo más irresponsable que no pagar las deudas que el Estado colombiano ha contraído. Sería nefasto para el país, para la economía, para sus habitantes y sus empresas.

Tercero, el gobierno actual tendría que ser lo suficientemente consciente e insistimos, responsable, en anteponer lo que es correcto a sus intereses políticos. Crear ministerios como el de la igualdad y seguir adhiriendo más y más cargos a un Estado lo suficientemente gigante y paquidérmico, con varios ministerios que no dan resultados, con gerencia de entidades y unidades administrativas que no tienen ningún efecto en el país.

Estamos seguros de que Petro no lo va a hacer porque no es de ese corte, pero el Estado colombiano es un gran dragón de dinero sin un mínimo impacto en muchos sectores. Lastimosamente, no se justifica semejante gasto. Entonces, lo que el Estado colombiano debería hacer ahora es reducir ese gasto público que no impacta la economía. Gastar esos recursos, por ejemplo, en los sectores de vivienda, agroindustria, infraestructura e incluso en seguridad y defensa, porque la seguridad en el territorio está en su peor momento.

No se deben malgastar los recursos públicos ni quejarse de que hay que pagar una deuda que los gobiernos anteriores contrajeron. Eso siempre ha sucedido y venimos de una pandemia, y fue necesario. Se podrá cuestionar si se destinó mejor o peor el dinero, seguramente, pero son compromisos de Estado, no son compromisos de gobierno. Por último, lo que necesita ahora más que nunca el país es una política urgente que no da más espera de reactivación económica. El país está estancado económicamente y un estancamiento puede ser peor que una recesión.

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Si el gobierno no se mueve de inmediato con esto, y eso hace que, por ejemplo, el barco de la República también se mueva hacia una bajada real de tasas de interés, la economía seguirá siendo afectada. La seguirán cavando, la seguirán enterrando en un gran pozo del cual será luego muy, muy difícil salir, por no decir imposible, y tardaría varios años. De manera que ahora solo es momento para la responsabilidad y la sensatez en materia de decisiones económicas.

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