Los impuestos en Colombia

El gobierno debe crear una cultura de pago ligada al compromiso ciudadano con el Estado, como primera medida para construir una relación de confianza y respeto. No puede permitirse que siga teniendo credibilidad el dicho común de que no pago impuestos porque se los roban o porque no tengo dinero.


Por: Andrés Felipe Gaviria

El cobro de impuestos no es una tarea agradable, ni divertida y mucho menos popular. Algunos por ignorancia y otros por simple abuso creen que pagar impuestos es para unos pocos, codifican como negativo esa contribución a las arcas públicas, y en la mayoría de los casos se entiende que a nadie le gusta entregar su dinero después de que lo ha trabajado incansablemente, en una gran parte de los casos, claro está, estamos hablando de los que trabajan en la legalidad. En Colombia nadie podría arrojar un porcentaje de cuantos ciudadanos estamos bajo los parámetros de la ley y trabajamos dentro de todo su marco, y cuantos son los que se lucran de actividades ilegales y que estos claramente no pagan ningún tipo de impuesto directo.

Es inaudito que el Estado colombiano no tenga una verdadera central de inteligencia, que tenga una división aliada con la DIAN, que se encargue de fiscalizar desde el espectro social y del estilo de vida, cuáles son esas personas con patrimonios abultados e injustificables, que si se cruzan con la base de datos de contribuyentes, no tienen ni un solo aporte por concepto de declaración de renta u otros gravámenes. Tienen casi todos sus ingresos en efectivo, no tienen historial crediticio y existe poco o nulo rastro de sus transacciones.

Se volvió normal ver en Colombia cómo algunos personajes y sus familias tienen tres y cuatro carros, que entre todos suman más de 1.200 millones de pesos, apartamentos de más de 1.000 millones que se venden como arroz, haciendas con valores superiores a los 3.000 millones de pesos, apartamentos en el exterior y grandes concentraciones de tierra a veces sin ningún rastro de legalidad evidente.

Gran parte del problema contributivo que tiene Colombia es que quienes pagamos los impuestos somos muy pocos, pues existe una gran cantidad de gente que mensualmente puede lucrarse con más de 150 millones de pesos al mes, pero como sus recursos provienen de la ilegalidad, escasamente pagarán el IVA al comprar algún producto y pagarán algún peaje, es la única forma de contarlos como contribuyentes.

También lastimosamente ha hecho carrera en Colombia la idea equívoca que solamente las personas de estrato medio alto son las que tienen que pagar impuestos. Son ideas absolutamente inadmisibles, carentes de argumentos y populistas, se supone, así como lo hacen en los países del primer mundo, que la mayor cantidad de personas de una población tienen que contribuir con impuestos directa e indirectamente. Claro, acepto el argumento que hay personas del estrato uno que no pueden ni siquiera pensar en pagar un impuesto de 1.000 pesos, pero tampoco se trata de que el gobierno se quede eternamente manteniéndolos con subsidios para absolutamente todo, generando un estado de bienestar y asistencialismo.

Tiene que existir un apoyo por parte del gobierno para elevar su calidad de vida y llevarlos en una transición a estratos superiores. Está demostrado, con suficiencia, que el Estado de bienestar no trae nada bueno, simplemente fomenta la vagancia y la pereza, y las personas se sientan cómodas viviendo de cuenta del gobierno.

Creo profundamente que desde el estrato dos hasta el estrato seis se tienen que pagar impuestos. Directamente, que se paguen impuesto de renta o como se le quiera llamar, casi un impuesto significativo, un impuesto patriota, que su valor mínimo sea por lo menos de 50.000 mil pesos al año para el estrato dos. Así como no se tiene lío para comprar licor, cigarrillos, irse de rumba o ir a futbol, se puede hacer un ahorro mensual de 4.166 pesos para pagar ese tributo. Algún incauto me dijo que eso no representaba nada para el fisco nacional, pero yo sí creo que si multiplicamos todas las personas que están en el estrato dos, por esos 50.000 pesos, vamos a tener un valor muy interesante para el gobierno y más que eso, más que recaudar un impuesto, más que aumentar el presupuesto nacional, es generar un compromiso, un sentido de pertenencia, de responsabilidad de todos los ciudadanos con el Estado, que a la larga no termina siendo más que la realización del contrato social entre el hombre y el Estado, y que uno de los resultados positivos, es que la persona le exija más al Estado pues sabe que está tributando y que sus impuestos se debe ver reflejados en obras e inversiones.

Hoy tenemos una gran cantidad de exenciones en materia tributaria, es increíble por ejemplo tener a las motocicletas exentas del pago de impuesto de rodamiento, exenta del pago del impuesto del valor agregado, y que éstas no paguen peajes. También tantos establecimientos que supuestamente no tienen ánimo de lucro, pero que cuando se revisa en materia de salarios y de inversiones, no se encuentra nada distinto a un enriquecimiento claro de sus directivas a través de salarios astronómicos, de viáticos, y de unos pagos que no tienen explicación, pero que muchas veces por ejemplo en el sector de la academia los camuflan casi como obras altruistas cuando no termina siendo más que una jugada para beneficiar el lucro personal.

Si todos contribuimos, si el gobierno no se dedica a apretar solo a los estratos medios-altos, y si creamos un verdadero pacto bajo un contrato entre ciudadano y Estado, podemos avanzar más equitativamente y de una manera eficiente, no desordenada e injusta. El ciudadano de bien se tiene que premiar, consentir y cuidar, no asfixiar.

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