Además de ser uno de los eventos culturales más reconocidos de Colombia y del mundo, el Carnaval de Barranquilla también es una celebración del sabor y la tradición.
En plena temporada de fiestas, la capital del Atlántico se convierte en un punto de encuentro no solo para la música, el baile y los desfiles, sino también para una gastronomía que refleja la identidad del Caribe colombiano.
De sancochos y fritos: los sabores tradicionales que acompañan el Carnaval de Barranquilla
La ubicación de Barranquilla, entre el mar Caribe y el río Magdalena, ha marcado profundamente su cocina. Pescados, fritos, maíz y yuca son protagonistas de recetas que se transmiten de generación en generación y que, durante el Carnaval, adquieren un valor especial como parte del ritual colectivo de la fiesta.
Entre los platos más representativos se encuentra el sancocho de guandú, considerado por muchos como uno de los símbolos gastronómicos del Carnaval. Este plato, tradicionalmente preparado por matronas del Caribe, es conocido por su capacidad para “recargar energías” tras largas jornadas de comparsas y desfiles, gracias a su receta heredada de ancestros y su fuerte arraigo cultural.
Otro infaltable es el casabe, un pan plano y crujiente elaborado a base de yuca, que aunque se encuentra en distintas regiones del Caribe y América, mantiene una presencia constante en la mesa barranquillera. A este se suma el arroz de lisa, preparado con uno de los peces más característicos de la región y servido, en muchos casos, en hoja de bijao, acompañado de verduras, bollo de yuca y ensalada de aguacate.
El sancocho de pescado también ocupa un lugar destacado. Este caldo, elaborado con pescado fresco, yuca, plátano verde, mazorca y cilantro, varía según el gusto del cocinero, pero conserva una preparación sencilla que resalta el sabor de los ingredientes locales. En el universo de los fritos, las arepas de huevo son quizá las más emblemáticas: crocantes por fuera, rellenas y presentes a cualquier hora del día en puestos callejeros y esquinas tradicionales.

La lista se completa con el bollo de mazorca, hecho a base de maíz tierno molido y envuelto en hojas de maíz; la carimañola, un frito de yuca relleno de carne, queso o chicharrón; y la butifarra, un embutido de cerdo condimentado que suele acompañarse con suero costeño y que forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
Más allá de la gastronomía, Barranquilla ofrece múltiples opciones para quienes desean complementar la experiencia del Carnaval. Entre los destinos más visitados está el parador de Santa Verónica, en el municipio de Juan de Acosta, reconocido por su estructura en forma de sombrero vueltiao y su valor simbólico para el Caribe colombiano.
También se destacan espacios naturales como el Parque Isla Salamanca, un ecosistema de manglar que permite el avistamiento de fauna y flora propias de la región, así como sitios de interés histórico como la Piedra Pintada, donde se conservan grabados de los indígenas Mokaná. Así, entre sabores, historia y naturaleza, el Carnaval de Barranquilla se vive también desde la mesa.