Medellín, camino hacia una “ciudad inteligente”

Por: Robin Barquin Pardo


Ciudades como Medellín enfrentan día a día grandes desafíos en cuanto a la movilidad, seguridad, salud, educación, bienestar, turismo y entretenimiento. Su crecimiento urbano -según el Dane se espera que en el 2020 habiten aproximadamente tres millones de personas-, ha influido. De hecho, es una muestra de lo que se vive a nivel nacional, donde el número de personas que vive en las ciudades sigue aumentando. De acuerdo con cifras del Banco Mundial, para el 2014 se estimaba que cerca del 74% de los colombianos vivía en ciudades. Frente a este panorama, el concepto de “ciudades inteligentes” ha surgido como una solución a estas problemáticas y emerge como una opción real para la segunda urbe más importante de Colombia.

¿Por qué? Porque es un desarrollo urbano sustentable que responde de forma adecuada a las necesidades de los diversos actores que la conforman como las instituciones públicas, empresas privadas, que buscan mejores servicios y condiciones de vida para quienes las habitan, con mayores oportunidades de negocio para las compañías y en administraciones más eficientes. Por ello, hoy se requiere de cocreación en los modelos de negocio que se establecen entre todas las partes.

En este sentido, las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) juegan un papel importante en estas “ciudades inteligentes”. Por ejemplo, la suma de las sólidas redes de proveedores de comunicaciones como las de Claro y Hitss con soluciones Cloud, el Big Data, las redes 4.5G y una imaginación ilimitada, nos da como resultado el Internet de las Cosas (IoT), integrando así personas, procesos, cosas y datos de forma segura, que ofrecen una mejor toma de decisiones y logran optimizar en el uso de los recursos, tanto personales como públicos.

Así, los semáforos inteligentes permiten que se determinen zonas de alta congestión para agilizar el tráfico, los sistemas de iluminación inteligente ahorros energéticos, mayor conectividad, seguridad pública y soporte al instante para beneficio de los ciudadanos. O por ejemplo el turismo, que es de vital importancia para la ciudad –en el 2019 2,5 millones turistas extranjeros visitarán la capital antioqueña– ya que con el IoT este sector se dinamiza, diversifica y vuelve más placentera la experiencia de viajar a través de soluciones como las maletas inteligentes, basureros o baños inteligentes.

Y qué decir de la educación, la cual se amplía y mejora las formas tradicionales de la enseñanza, con acceso desde cualquier lugar y dispositivo a las mejores universidades del mundo.  Y en este mismo sentido, beneficios ecológicos con la generación, cuidado y aprovechamiento de zonas verdes, así como la prevención de desastres naturales como inundaciones, derrumbes, permitiendo mitigar el impacto sobre las personas y los territorios. En materia de seguridad y movilidad con sistemas inteligentes de botón de pánico, luminarias inteligentes, sistema de cámaras, de identificación facial o sistemas de biometría que permiten identificar y tener un control sobre las diversas situaciones que afectan la seguridad en las ciudades, esto por enumerar algunos de los principales beneficios de una ciudad inteligente.

Otro estímulo para acelerar este despliegue está marcado por la autosustentabilidad. Las eficiencias que generan soluciones por sí mismas pueden proveer ahorros y/o nuevos ingresos para las entidades administrativas. Dos casos puntuales: mediante la digitalización de la administración de multas vehiculares y su envío automático se incrementa la base de contribuyentes y a través de la iluminación inteligente se pueden generar ahorros entre 50% y 70% de energía eléctrica y disminución del CO2. Esto promueve además, una cultura de mayor civismo y seguridad.

Finalmente, el papel y participación de los ciudadanos es fundamental para apoyar esta evolución. Por eso, es indispensable que entendamos los beneficios que trae esta nueva forma de vivir en una ciudad, así como reportar, respetar y transformarse también en ciudadanos “inteligentes”.