Cincuenta y seis años después de que la accidentada misión del Apolo 13 fijara la frontera más lejana alcanzada por el ser humano, la historia ha sido reescrita. Este lunes, a las 23:07 GMT, la cápsula Orion de la misión Artemis II superó oficialmente la marca establecida por Jim Lovell y su tripulación en 1970, situándose a más de 400.170 kilómetros (248.655 millas) de la Tierra.
Con este hito, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen se han convertido en los seres humanos que más lejos han viajado en el cosmos, superando el antiguo récord por unas 4.105 millas (6.606 km). El logro ocurre mientras la nave, construida por Lockheed Martin Corp., se precipita hacia un sobrevuelo lunar histórico que promete cambiar nuestra comprensión del satélite natural.
Panorama general: Aunque batir un récord de distancia captura los titulares, para la NASA esta hazaña es solo un componente de un objetivo mucho más ambicioso. La misión Artemis II, que despegó el pasado miércoles 1 de abril, funciona como un ensayo general de alta precisión. Su propósito es certificar que los sistemas de soporte vital y navegación son capaces de devolver a la humanidad a la superficie lunar en los próximos dos años.
«Llegar más lejos de la Tierra que nunca es un dato interesante», señaló Emily Nelson, directora de vuelo de la NASA. «Pero hay muchas otras cosas que vamos a aprender en esta misión que serán mucho más emocionantes». A pesar de este pragmatismo oficial, la atmósfera en el Centro de Control de Misión en Houston era de celebración contenida, con un reloj de cuenta regresiva marcando el momento exacto en que la humanidad rompió su propia barrera.
Más allá del Apolo 13: La misión Artemis II rompe el récord de distancia humana en el espacio

A las 19:00 horas (tiempo de Nueva York), la tripulación alcanzará su punto de mayor proximidad a la Luna, situándose a unos 6.500 kilómetros de su superficie. Desde esa distancia, la Luna se verá para los astronautas como el tamaño de una pelota de baloncesto sostenida con el brazo extendido.
A diferencia de las misiones robóticas, la NASA apuesta esta vez por la capacidad de observación directa. Los astronautas han sido entrenados para identificar matices de color y formaciones geológicas que a menudo escapan a las cámaras digitales.
«El ojo humano, conectado a un cerebro bien entrenado, es capaz de realizar observaciones de matices que pueden revelarnos información científica vital», explicó Kelsey Young, jefa de operaciones de vuelo científico.
Uno de los momentos más esperados será el paso por la cara oculta de la Luna. Según el comandante Reid Wiseman, cerca del 60% de esta zona nunca ha sido vista directamente por ojos humanos debido a las limitaciones de iluminación que enfrentaron las misiones Apolo. Aprovechando las condiciones actuales, la tripulación documentará áreas vírgenes para la vista humana.
Por qué es importante: El éxito de la misión no está exento de riesgos y desafíos técnicos. A las 18:47 (hora de Nueva York), la nave entrará en la zona de sombra de radio al pasar por detrás de la Luna. Este apagón de comunicaciones durará aproximadamente 40 minutos, un periodo de aislamiento total donde la tripulación estará fuera del alcance de cualquier contacto con la Tierra, tal como ocurrió en las misiones Apolo y en la prueba no tripulada Artemis I.
Más allá de la telemetría y la ciencia, Artemis II ya es una misión de «primeros pasos» sociales:
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Victor Glover es el primer astronauta negro en viajar a la Luna.
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Christina Koch es la primera mujer en alcanzar el espacio profundo lunar.
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Jeremy Hansen se convierte en el primer canadiense en dejar la órbita baja terrestre para dirigirse a otro cuerpo celeste.
Este sobrevuelo no es solo un viaje de ida y vuelta; es el prólogo de una nueva era donde la presencia humana en la Luna dejará de ser una anécdota del siglo XX para convertirse en una base de exploración hacia el futuro.
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