No caer en la trampa electoral

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EDITORIAL

El gran reto es que los colombianos no se desconecten de la realidad del país y de los hechos pasados, por cuenta de la agitación irracional del fútbol y las promesas de campaña, en donde todo se siente perfecto y la razón desaparece por arte de magia.


Es tan sencillo cómo sentar las bases del voto en el 2018 desde ya, ser consciente de la realidad del país, de la realidad de su vida y entender la importancia del evento y la clase del compromiso que le implica a cada ciudadano participar en comicios electorales. Observamos con preocupación que como hace cuatro años, las elecciones se den en medio de la emoción fruto del Mundial de fútbol y una aparente calma en el pulso nacional, en donde todo lo que se venía acumulando para candidato a la hora de someterse al escrutinio público desapareció y el sentido racional del voto se volcó a ser un tarjetón útil, en contra de o por descarte. Es claro que hace cuatro años no estábamos inmersos en un proceso de paz ya firmado, pero que de igual manera estaba en el punto central y decidió en parte la elección.

Contamos con una lista de candidatos más que amplia; de todos los sectores, corrientes, pensamientos, creencias e ideologías. Todos con pasado fácil de reconocer y de ahí la capacidad de cada elector de evaluar su proceder, coherencia, rectitud e inteligencia. Quizá uno de los errores que han cometido los electores en el país es no revisar bien la hoja de vida y trayectoria de los políticos, algo que resulta nefasto y sumamente perjudicial para el sistema de gobierno colombiano. Normalmente es fácil encontrarse con el pasar del tiempo con arrepentidos de su voto, maldiciendo ese momento en el que depositaron el voto por determinada persona y lanzando arengas en contra por que se les ‘traicionó’ o fue una decepción total. Esto no sucedería si cada ciudadano se sienta 20 minutos o más y toma consciencia primero de sus creencias, posturas e ideologías, las interioriza y las pone por encima de todo, luego estudia cada candidato y ve con quién coincide más, quién verdaderamente representa esos valores que el quiere en un presidente, además de que ese personaje esté hablando su mismo lenguaje y proponga cosas que la persona cree son las mejores para la sociedad.

La agenda de los políticos, de los medios de comunicación y de otros actores es hacer que las personas se sometan a los temas que ellos ponen, a la coyuntura que ellos crean y generar divisiones, satanizar, santificar y dar reputación a sus preferidos. Se trata de un torbellino oscuro, donde ingresar los incautos y quienes no tienen en cuenta lo que mencionamos en el anterior párrafo. Pasan a ser parte del sistema de votos útiles pero idiotas, pues son manipulables y de esa manera los guían a un matadero si es necesario. Por primera vez deberíamos tener unas elecciones en donde los ciudadanos pongan la agenda, no las grandes empresas, los monopolios de medios de comunicación y unos pocos políticos. Lo grande pero a la vez problemático puede emanar del desconocimiento de la magnitud del evento, de la apatía a lo político, o de querer hacer parte de movimientos que solo buscan unos beneficios propios.

Algunos critican a los políticos de mentirosos, incoherentes y falsos, pero no miran la paja en el ojo propio y caen en razón de que ellos son cómplices de esas personas, pues no están revisando sus trayectorias o peor aún se traicionan ellos mismos al premiar la incoherencia política.

Nosotros queremos recomendar especialmente a todos que tomen con seriedad este evento venidero y cambien el presente que vive hoy Colombia.