No matemos la gallina

Tenemos que superar las vagas e improductivas discusiones sobre modelos económicos y obsoletos, preceptos que se ha comprobado, no funcionan. Tenemos que apostar todos por un propósito común: más empresas, más ricos, más empleo, más oportunidades, más desarrollo.


Por: Andrés Felipe Gaviria

Va siendo hora de que pongamos un alto en el camino y dejemos de seguir dando vueltas, seguir divagando, tratar de llegar a acuerdos sobre qué postulados, modelos o sistemas económicos le hacen mejor a una sociedad. Está comprobado que el único modelo que realmente funciona y que claramente no es perfecto, es el modelo capitalista, una economía de libre mercado, una economía donde se respeta la propiedad privada y cada una de las personas tiene oportunidades para crecer económica y socialmente. Si no cuentan con unas capacidades altas, cualidades demandadas por el mercado, se puede ver perjudicado.

Ahí es donde el modelo puede fallar y en donde también hay que trabajar, se trata simplemente de buscar puntos medios, buscar puntos de encuentro para lograr el máximo nivel de beneficio para toda la sociedad, con la mínima desigualdad posible y que si existe desigualdad, como lo planteaba el flamante académico John Rawls, sea una equidad o una diferencia aceptada porque es una persona que tiene sus condiciones mínimas de vida asegurada, y no se va a ver afectado en sus necesidades básicas.

A nadie le debe afectar que existan los ricos, a nadie le debe afectar que una persona tenga un coche de US$150.000, si otro tiene un coche de US$20.000. A nadie le tiene que afectar que existan personas más ricas que otras, que existan empresas más grandes que otras, porque ya entraríamos a un terreno casi de lo irracional del ser humano, y no es mi propósito en esta columna.

No matemos la gallina es un llamado sencillo y concreto: No podemos seguir tratando de plantear que los empresarios, los industriales y los ricos, son malos; que los que crean empresa son unos esclavizantes, que los que crean empresa son personas diabólicas que simplemente quieren enriquecerse. No, ahí es importantísimo el papel del estado. El Estado vive de impuestos y su objetivo de redistribución se hace a través de los impuestos, los impuestos emanan de las empresas y de las personas naturales a través de su consumo, si los dos anteriores fallan, simplemente no habrá impuestos y se va a romper cualquier cadena de circulación de dinero que se pueda pretender.

Alemania es un claro ejemplo. Es un país altamente capitalista, concentrado, dedicado a aumentar su propiedad, competitividad y eficiencia en cada proceso, pero es un Estado en su mayoría socialdemocráta. Les encanta las políticas sociales, les encanta intervenir en el mercado para corregir los fallos que este presenta y así logran que siempre la desigualdad, la pobreza, el desempleo y la inequidad, estén en los niveles más mínimos posibles.

A que vamos, un Estado no va a ser mejor, más rico o más próspero, si no se concentra en crear empresas, es decir, empresarios. Tienen que fomentar la creación de empresas y de emprendimientos e iniciativas empresariales. El Estado no puede querer convertir a su población en personas altamente dependientes de la contratación laboral, es mejor tener más empresarios, que más personas buscando empleo, porque el Estado al fin y al cabo, será el último que pueda suplir las necesidades de contratar personas, pero no tendría con qué pagarle si no hay impuestos y los impuestos, emanan de las empresas.

El esquema es bastante sencillo y práctico, no es necesario tener plastilina para entenderlos, simplemente se trata de crear, consolidar y promover un círculo en donde tengamos la mayor cantidad de iniciativas empresariales; pequeñas, medianas, grandes o multinacionales, ligado de un pago de impuestos justos, equitativo, diferenciado.

A estas alturas, no entiendo cómo en Colombia una pequeña empresa paga los mismos impuestos que una multinacional o que una empresa que factura miles de millones de dólares. Las empresas gigantescas le pagan a las pequeñas empresas sus facturas a noventa días, una promesa incumplida por cierto, por el presidente Iván Duque. Si el Estado tiene impuestos, si es rico gracias a esa cantidad de dinero que están produciendo las nuevas empresas, a esa cantidad de dinero que las personas están gastando en consumo porque tienen buenos salarios, están bien remunerados y porque hay más gente empleada, el Estado podrá ajustar e intervenir para corregir esas fallas de mercado, garantizar los sectores educativos, de salud, entre otros y tener un sistema óptimo para los ciudadanos con una seguridad jurídica que es vital.

Algunos políticos en Colombia como Gustavo Petro y Claudia López, son enemigos de este modelo, son más amigos de los subsidios, de que el Estado debe proveer todos los servicios, que sea dueño de todo y que mande todo. Son enemigos de la iniciativa privada, quieren atacar las empresas a través de impuestos, piensan que las personas que crean empresa son malas y negativas para la sociedad, eso no lo podemos permitir. Tenemos que superar esas discusiones vagas, apostar por un modelo de propósito común donde el Estado no se guíe por colores políticos, sino por modelos que se pueden poner en marcha y que está comprobado, funcionan.

Corregir lo que está mal, seguir lo que está bien, con el único propósito de tener un país con muchas más empresas, empresas que se sostengan en el tiempo y que no se mueran en la mitad del camino con impuestos diferenciados, tener una alta responsabilidad de garantía para esas iniciativas empresariales y con un respaldo siempre por parte del Estado para generar mejores salarios, menores impuestos y más riqueza.