No sigamos dormidos

Aunque la detención domiciliaria de Álvaro Uribe me llena de tristeza a mí y a gran parte de los colombianos, también nos ayuda a entender hasta dónde ha llegado la penetración de ese progresismo. Hoy en Colombia las altas cortes, los grandes medios de comunicación y parte del establecimiento está ideológicamente más cercano de Maduro, Raúl Castro y sus secuaces colombianos Petro y Cepeda que de Estados Unidos.


Por: José Miguel Santamaría Uribe

Nunca en la historia reciente de Colombia habíamos estado tan amenazados; la izquierda internacional ha venido cosiendo y tramando cómo llegar al poder y llevar al país por el camino del mal llamado progresismo, que no es más que un comunismo de tinte populista disfrazado de democracia.

Desde los diálogos del Caguán en el gobierno de Andrés Pastrana, empezó una especie de injerencia de ONG y entidades multilaterales en la política colombiana, organismos que llevan mucho tiempo manejadas por burócratas de medio pelo, acostumbrados a salarios altos y a dar teorías sobre temas que no conocen en la práctica. Estas entidades se creen dueñas de la palabra paz.

Durante el gobierno de Alvaro Uribe perdieron impulso, la política de ‘mano fuerte y corazón grande’ del expresidente y ahora senador, los llevó a empezar un trabajo subterráneo en diferentes entidades del Estado y mientras se blindaba al Congreso de esos individuos, estos estaban permeando la justicia al más alto nivel.

Después, en el gobierno Santos encontraron su culmen; un presidente sin ideología y con ánimo de pasar a la historia por la fuerza que les abrió las puertas para que hicieran lo que quisieran en el país, de hecho, el proceso de paz fue manejado realmente por actores extranjeros sin conocimiento de nuestra historia, la mano del partido comunista español a manos de Enrique Santiago es visible.

El ataque sistemático a los alfiles de Uribe no se hizo esperar, al punto de llegar la Corte Suprema de Justicia e inventarse un delito para poder inculpar a Andres Felipe Arias de algo que no cometió ni tuvo injerencia.

Sin embargo, nada de esto fue suficiente, ya que sacar al presidente Álvaro Uribe Vélez de la escena política era lo más preciado y al final lo lograron después de voltear una demanda que él hizo en su contra.

Definir por parte de la Corte que Uribe es un peligro para la sociedad o que se va a escapar, es de un ilusorio dramático que lo saca del Congreso.

Aunque la detención domiciliaria de Álvaro Uribe me llena de tristeza a mí y a gran parte de los colombianos, también nos ayuda a entender hasta donde ha llegado la penetración de ese progresismo.

Hoy en Colombia las altas cortes, los grandes medios de comunicación y parte del establecimiento está ideológicamente más cercano de Maduro, Raúl Castro y sus secuaces colombianos Petro y Cepeda que de Estados Unidos.

Las cartas de respaldo a Uribe y su familia por parte de prácticamente todos los gremios de la producción y de reconocidos líderes internacionales, muestran la gravedad del asunto y el riesgo que tenemos en nuestras narices.

El sector productivo parece que por fin abrió los ojos, ya que en el gobierno Santos estaba encariñado con la ‘fea’.

Estoy seguro qué Uribe saldrá de esta incólume, el problema es que no sabemos cuándo. Esta justicia injusta puede dilatarlo todo, y en ese sentido, el resto de los colombianos debemos ser el ejército que defienda la institucionalidad, las instituciones, la empresa privada, el libre mercado, pero sobre todo, a las buenas costumbres y la moral.

El 2022 partirá la historia de Colombia, definirá de qué lado vamos a quedar, del lado de los sátrapas o de la democracia y el futuro, así que ¡vayan escogiendo equipo!

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