Occidente debe ganar la guerra ideológica contra el yihadismo

Por: Redacción 360  Radio


Durante toda la semana, los especiales conmemorativos de los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001, en distintas cadenas de todo el mundo, se han centrado en recordar a las víctimas de los ataques y en reproducir los discursos de los líderes de entonces. También, en recoger numerosas versiones de los hechos ocurridos ese día en Nueva York, Washington y Filadelfia, donde alrededor de tres mil personas murieron. Pero en estos diecisiete años, el debate acerca de la naturaleza y alcances del terrorismo internacional, ha girado en torno a una de sus expresiones más visibles: el yihadismo, o la ideología profesada por islamistas que decidieron lanzar una cruzada contra Occidente, con la convicción de que hacen la guerra santa a los infieles, y el objetivo de dominar el mundo.

Es innegable que actualmente el mundo es más inestable, más violento y más vulnerable que antes de 2001, por el crecimiento del yihadismo y su expansión por cada rincón del planeta. Sin embargo, ésta no es la causa exclusiva. Otras razones de fondo pueden ayudarnos a entender por qué grupos como Al Qaeda, Hamas, Boko Haram o el Estado Islámico, no han desaparecido del mapa y encuentran más adherentes, a pesar de los esfuerzos de los Estados Unidos y una gran coalición que ha pasado dos décadas combatiendo a estas organizaciones terroristas, en Afganistán, Yemen, Nigeria, Somalia y Siria.

En el nivel táctico, el despliegue del poderío militar y de recursos políticos de Occidente y sus aliados, es formidable. Su papel como protagonistas de la guerra convencional, no se cuestiona. Incluso, las lecciones aprendidas en Vietnam y Cambodia sirvieron para obtener ventajas en la guerra irregular. Pero casi veinte años más tarde, y sumando los noventa, el yihadismo se mantiene intacto como proyecto político-religioso, y el desmantelamiento de células terroristas en Francia, España o Inglaterra, no disuade a los suicidas de Niza, Londres, Barcelona, París o San Bernardino.

La radicalización entre los integrantes de grupos locales en Medio Oriente, o entre jóvenes que asisten a mezquitas europeas, va en aumento. Y esto es así, porque en el aspecto ideológico los islamistas parecen ser más exitosos. El discurso de resentimiento, victimización y justificación de la violencia contra la sociedad abierta, por parte de clérigos radicales, ha generado un sentido de comunidad y reforzado la identidad entre musulmanes de distintos países, que ahora tienen un enemigo común. El orden liberal y los valores democráticos, pese a las posibilidades de progreso material y a las libertades políticas y civiles de que pueden gozar, no están conectados con su experiencia dentro del Islam. Es lo que explica Fernando Reinares en Patriotas de la Muerte, pero refiriéndose a ETA.

Para prosperar en la guerra ideológica, el yihadismo no ha encontrado mayor resistencia en el debate político o en los espacios académicos. Con casos excepcionales, algunos valientes se han arriesgado a defender la vida en libertad dentro de una sociedad democrática, como el partido Demócratas de Suecia, que en las elecciones del nueve de Septiembre se convirtió en la tercera fuerza más importante del país, recogiendo la preocupación de muchos ciudadanos suecos por la violencia en sus ciudades, que involucra siempre a inmigrantes musulmanes. Si Occidente asume sin complejos la misión de defender los valores que lo han hecho grande como civilización, entonces el siglo XXI será el de la derrota definitiva de la amenaza yihadista.