Mientras unos aún están pasando la tusa cepedista, quienes votaron por Abelardo De la Espriella y José Manuel sienten un fresquito. En una carrera apretadísima, el candidato de la izquierda se lanzó en barrida a disputar el balón presidencial, pero solo le quedó un quemón en la pierna y el sinsabor de perder el partido en el último minuto. Abelardo, con la esférica debajo del pie, comenzó el contrataque.
De la euforia al silencio
Si ha estado en un estadio de fútbol alentando a su equipo local, sabe lo que es el silencio cuando le hacen un gol en contra. Pasar de los gritos, las vuvuzelas, los saltos y los cánticos a la desorientación más infantil. No sabe si agarrarse la cabeza, sentarse o patear la silla de enfrente. O todo al mismo tiempo. El petrismo hoy llora el golazo, de chilena y en el 90’+5, que los defensores de la patria le metieron en las urnas. El oficialismo quedó boquiabierto y de brazos cruzados, viendo cómo la victoria se les escurría entre los dedos. Aquí no hay tercera vuelta.
Como en una derrota futbolera, los días siguientes sirven para la catarsis. Les salió mal la jugada de Francia Márquez 2.0, Petro erró el pase a Cepeda y a la hora de rematar le dieron al palo, pero no entró, porque medio país les tapó el penal de la constituyente, las locuras tributarias y su agenda político-moral. Nada que hacer.
Para levantarse de semejante porrazo tendrán que infundir nuevos alientos a los barristas de trapos amarillos y letras verdes, de banderas rojas con símbolos agrícolas, y así sucesivamente. Los bombos y redoblantes ahora van a sonar, dijo una agitadora comunista, pero en las calles de todo el país (no solo en los estadios).
Para la derecha, un reto de aguante
A pesar de todo, la derecha quedó golpeada en el proceso, fragmentada por alianzas que no fueron y que, en última instancia, redujeron la diferencia de votos al momento del pitazo final. No supieron asociarse, diríamos en lenguaje futbolístico. Cada uno quiso jugar la individual y por poco les pasa factura.
Se dieron cuenta de que era complejo jugarle a la izquierda por arriba, menospreciando en la práctica la maquinaria y la habilidad que tienen algunos de sus delanteros para caer siempre de pie. Había que tocarla, manejar la pelota y esperar el momento preciso para lanzar el riflazo arriba y a la telaraña, donde no pudieran atajarla. Y así lo hicieron. José Manuel fue fundamental en la jugada maestra, con la cual sepultaron, entre otras cosas, las aspiraciones de una mujer que quería ser vicepresidenta a punta de gambetas ancestrales.
Aunque parezca poco, los cientos de miles de votos que pusieron por delante al Tigre sirven para llenar casi tres estadios del tamaño del Azteca, el más grande del mundial. No obstante, el Gobierno de Abelardo tendrá que descifrar cómo aguantar el partido completo en medio de un país que votó con rabia, con miedo, con expectativas muy altas y deseos de que su equipo no descienda, como si fuera un torneo nacional, a la segunda división.
El 27 de junio, en el encuentro Colombia vs. Portugal, una distancia milimétrica hizo que anularan un gol de Sánchez que ya nos sabía a gloria. De modo similar, pero con un resultado diametralmente opuesto, Abelardo De la Espriella ganó la Presidencia por un dedo gordo de diferencia. Esas son las reglas, en el fútbol y en la democracia, nos gusten o no. En cualquier caso, Colombia pasa a la siguiente fase, con la esperanza a flor de piel y apretando los dientes, confiando en que la Selección y el nuevo Gobierno le cumplan al país. Que cuando se apaguen las luces del espectáculo y regresemos a la vida cotidiana, sin Mundial y sin elecciones, no vuelva a cerrarse sobre nosotros la horrible noche.
