El mercado de metales preciosos atraviesa una de sus etapas más sombrías en lo que va de la década. En la jornada de este martes, el precio del oro volvió a teñirse de rojo, registrando su décima sesión consecutiva de pérdidas. Esta racha negativa, que ya se cataloga como un hito histórico por su persistencia, ha llevado la cotización del lingote a perforar soportes clave, dejando a los analistas y operadores en un estado de máxima cautela.
El principal responsable de este desplome no es otro que el cambio de narrativa en la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Lo que a principios de año se percibía como un camino despejado hacia el recorte de tipos de interés, se ha transformado en un muro de contención que está asfixiando el atractivo del metal amarillo.
El impacto de la Reserva Federal en la cotización del lingote de oro
La confianza de los mercados en que el banco central estadounidense iniciaría un ciclo de relajación monetaria en el corto plazo se ha evaporado. Los últimos datos de inflación, más resistentes de lo previsto, y la solidez del mercado laboral en EE. UU., han obligado a los funcionarios de la Fed a adoptar una postura más agresiva.
Actualmente, el consenso de los inversores ha reducido drásticamente las probabilidades de un recorte de tasas para el próximo trimestre. Al mantenerse los tipos de interés elevados, el costo de oportunidad de mantener oro un activo que no genera dividendos ni intereses aumenta considerablemente. En su lugar, el capital está migrando masivamente hacia los bonos del Tesoro y el dólar, que hoy se consolida como el refugio predilecto.

Desde el punto de vista técnico, la caída ha sido estrepitosa. Tras haber alcanzado máximos históricos por encima de los $5,500 dólares por onza a inicios de año, el metal ha retrocedido más de un 20%. Durante la sesión de hoy, los precios al contado oscilaron cerca de los $4,360 dólares, niveles no vistos desde finales del año pasado.
Expertos del sector señalan que la ruptura del nivel psicológico de los $4,500 fue el detonante para una ola de ventas técnicas y liquidaciones forzosas. «Estamos ante un cambio de paradigma; el oro ya no está reaccionando a las tensiones geopolíticas como lo hacía antes, porque el mercado está totalmente obsesionado con el valor del dinero y las decisiones de Jerome Powell», comentaron analistas de la firma XTB.
Esta «hemorragia» del oro no solo afecta a los inversores institucionales, sino que tiene un efecto dominó en las economías emergentes y el mercado de materias primas. Un dólar fortalecido por la expectativa de tasas altas encarece las importaciones para el resto del mundo, mientras que otros metales como la plata y el platino también han seguido la estela bajista del oro, aunque con menor intensidad.
Por otro lado, la situación en Oriente Medio, que tradicionalmente impulsaría la demanda de activos refugio, está siendo opacada por la realidad macroeconómica de Washington. La resiliencia de la economía estadounidense parece ser un argumento más sólido para el mercado que la propia incertidumbre global.
El panorama a corto plazo sigue siendo desafiante. Con la mirada puesta en las próximas declaraciones de los miembros de la Fed y los informes de precios al consumidor, el oro busca desesperadamente un suelo donde estabilizarse. Los modelos macroeconómicos sugieren que, de no haber un cambio radical en el discurso oficial sobre las tasas, la presión vendedora podría extenderse.En conclusión, la racha de diez caídas consecutivas es el reflejo de un mercado que ha dejado de creer en el alivio monetario inmediato. El oro, el eterno guardián del valor, hoy se enfrenta a su prueba más dura: sobrevivir a una era de dinero caro y un dólar indomable.
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