Paloma Valencia no es una política ocasional: es una apuesta conservadora firme, de convicciones claras y un legado familiar profundo. Filósofa, abogada, senadora desde 2014 y parte de la élite intelectual de la derecha colombiana, ha sido posiblemente una de las voces más leales al uribismo, una defensora constante de Álvaro Uribe. Y, sin embargo, en el momento clave para 2026, siente que ese apoyo inquebrantable no se traduce en el gesto más básico: un aval real para competir por la presidencia.
Una lealtad que no se negocia… pero parece no recompensarse
Desde sus años como columnista y analista, Valencia ha sostenido una defensa férrea del legado uribista, llegando a afirmar que algunas de las acusaciones contra Uribe son parte de una campaña política: por ejemplo, en el juicio por supuestos vínculos con paramilitares, ella declaró que Uribe “jamás tuvo vínculos con los paramilitares”. Ese activismo mediático, político e institucional la ha convertido en un referente para muchos dentro del Centro Democrático. Sin embargo, cuando llega el momento de dar el paso presidencial, ese respaldo no se materializa como punto de apoyo hegemónico.
En un episodio revelador, Valencia criticó directamente a quienes creen que Miguel Uribe Londoño —el padre del asesinado Miguel Uribe Turbay— sería el “ungido” del expresidente Uribe. Según ella, esa tesis genera tensiones peligrosas: “esa sensación de que al apoyarlo a él, uno contradice al presidente Uribe” es una dinámica que, afirma, no se corresponde con la realidad ni con su visión ideológica del partido.Y va más allá del discurso: en noviembre de 2025, cuando el Centro Democrático anunció que el expresidente Uribe podría tener la última palabra en la escogencia del candidato presidencial, Paloma Valencia reaccionó con dureza, visibilizando la sensación de que su fidelidad no ha sido correspondida con poder real.
¿Una campaña pausada y sacrificada?
En junio de 2025, en un gesto que sorprendió a muchos analistas, Paloma anunció que podría suspender temporalmente su campaña presidencial. Su razón: respeto y solidaridad con la familia Uribe-Turbay, después del atentado y la grave situación de salud de Miguel Uribe. Dijo que estaba dispuesta a dar un paso al costado si Miguel Uribe se recuperaba, en un acto explícito de lealtad familiar y política. Ese anuncio puede interpretarse como una señal de grandeza moral, pero también como una estrategia: construir imagen de sacrificio político y reafirmar su identidad uribista frente a otros precandidatos.
Su visión para Colombia: energía, empleo, liberación regional
En su campaña presidencial, Paloma Valencia no solo trae su fidelidad al uribismo, sino un proyecto propio: propone una revolución de las energías, fomentar el emprendimiento y crear empleos, con una mirada territorial fuerte para las regiones.Esa agenda le da una base programática clara, lo que la diferencia de candidatos meramente simbólicos o mediáticos. Pero también le exige consolidar una estructura para competir seriamente dentro del partido y convencer al electorado de que no está allí solo como representante del uribismo, sino como líder con visión propia.
Críticas y desafíos reales
- Reconocimiento escaso dentro del uribismo: que sea una voz fiel no significa que tenga el control del partido. Parte de sus quejas están en que Uribe no le ha dado el espacio que muchos creen que merece.
- Reconocimiento simbólico vs. poder real: su lealtad ha sido pública y constante, pero no parece traducirse en respaldo estructural o en una nominación asegurada.
- La paradoja de la campaña pausada: su decisión de “pausar” puede interpretarse como noble, pero también como una renuncia táctica o una forma de posicionarse moralmente.
- Competencia interna feroz: no solo debe medirse contra otros uribistas, sino también contra precandidatos con fortaleza mediática o financiera —como Miguel Uribe Londoño, Cabal o otros aspirantes.
- Riesgo de quedar aislada: si su campaña es vista solo como uribista y no como una opción de renovación de derecha, podría perder parte del electorado más pragmático o técnico.
Una lealtad herida que busca transformarse en liderazgo
Paloma Valencia simboliza un tipo de uribismo intelectual, fiel e inquebrantable. Ha defendido al expresidente con una convicción férrea, ha construido su discurso desde la fidelidad y el sacrificio, y ahora aparece como una de las precandidatas más lógicas dentro del Centro Democrático. Pero su recorrido para 2026 es más que una cuestión de nombre:
es una batalla por reconocimiento real, por autoridad dentro del partido, por transformar su
lealtad en liderazgo.
Si logra consolidar su candidatura, podría ser la figura que canalice el uribismo conservador con una visión moderna de país. Si no, su experiencia podría quedar como la de una fiel que nunca recibió el espaldarazo que esperaba.
Por: Juan Nicolás Pérez Torres – @nicolas_perez09
