El Hecho: La campaña presidencial de Paloma Valencia por el Centro Democrático consolidó su red de apoyos en la víspera de la primera vuelta electoral del 31 de mayo de 2026. Su estrategia entrelaza el respaldo oficial del uribismo con la adhesión formal de los partidos tradicionales (Conservador, Liberal, de la U y Mira) y figuras de centro.
¿Por qué es importante?: Para asegurar competitividad en las urnas, la candidata dio un giro hacia el pragmatismo político en las regiones. Esta apertura hacia maquinarias tradicionales y estructuras cuestionadas genera un fuerte dilema ético frente a su histórico discurso de rectitud y legalidad, tensionando a sus votantes más doctrinarios.
¿Cuál es el contexto?: La derecha y el centro buscan unificar fuerzas para frenar el avance de la izquierda oficialista y, al mismo tiempo, contener la fuga de votos radicales hacia alternativas de derecha extrema. El diseño de alianzas intenta construir una propuesta de gobernabilidad amplia, institucional y de defensa del modelo económico.
¿A quiénes afecta y cómo?: Afecta al electorado del Centro Democrático, que sopesa la pureza ideológica frente a la necesidad de alianzas para ganar; impacta también el mapa político regional (especialmente en Antioquia y el Caribe), donde ya se pactan compromisos de poder local y respaldos de cara a futuras elecciones locales.
El dato que no se puede perder: La campaña articuló un blindaje en tres niveles: un ala internacional de resistencia democrática con líderes como María Corina Machado; un centro técnico liderado por su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, junto a los exmiembros de la Gran Consulta por Colombia; y el respaldo de los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y César Gaviria.
A pocos días de que se abran las urnas para la primera vuelta presidencial, la candidatura de Paloma Valencia por el Centro Democrático ha entrado en su fase más crítica de consolidación de alianzas. El mapa de apoyos que rodea a la candidata busca blindar un proyecto político con un doble propósito: unificar el voto tradicional de la derecha, resistir la fuga de electores radicales hacia opciones más extremas y tender puentes estratégicos hacia el centro político.
Sin embargo, el pragmatismo que exigen las urnas en Colombia ha obligado a la campaña a abrir la puerta a estructuras de los partidos tradicionales. Este movimiento inyecta caudal electoral a nivel regional, pero tensiona el discurso de rectitud y legalidad que Valencia ha defendido a lo largo de su carrera pública.
La encrucijada de Paloma Valencia: El costo discursivo de las maquinarias regionales

A continuación, se detalla la configuración de las fuerzas que sostienen su aspiración y el impacto real de cada una:
1. El ala internacional y el simbolismo de la resistencia
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El aporte: En un movimiento estratégico de alto impacto mediático, Valencia sumó el respaldo de María Corina Machado, líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz. El encuentro, que incluyó a María Claudia Tarazona, viuda del asesinado líder político Miguel Uribe Turbay, se capitalizó a través de un video conjunto enfocado en la defensa de la libertad frente al espejo de la crisis venezolana. A este bloque internacional se suma también la figura de Luis Almagro, exsecretario general de la OEA.
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El impacto: Estos apoyos consolidan la narrativa institucional y democrática de la candidata, elevando la contienda a una causa regional y reforzando su identidad ideológica frente al electorado que teme un viraje definitivo hacia la izquierda radical.
2. El herraje uribista y la amenaza por la derecha
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El aporte: Como carta oficial del Centro Democrático, Valencia cuenta con el respaldo irrestricto del expresidente Álvaro Uribe Vélez y de toda la estructura orgánica del partido, que abarca desde ediles y concejales hasta la bancada de congresistas.
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El riesgo: Aunque la maquinaria del partido está alineada, existe una preocupación interna real por la fuga de un sector del voto de derecha hacia la campaña de Abelardo de la Espriella. La capacidad de Valencia para retener las bases históricas que tradicionalmente votaron al Congreso bajo el sello del Centro Democrático se medirá únicamente este domingo en las urnas.
3. El puente con el centro y la institucionalidad
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El aporte: La designación de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial lidera la estrategia de moderación de la campaña. A este esfuerzo se integran los otros seis líderes de la Gran Consulta por Colombia: Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria, Juan Carlos Pinzón, Juan Manuel Galán, Mauricio Cárdenas y David Luna.
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El impacto: Estas figuras actúan como un amortiguador técnico y político, permitiéndole a Valencia desmarcarse del dogmatismo radical y atraer a sectores moderados de centro y clases medias urbanas que priorizan la gestión institucional y económica.
4. Colectividades tradicionales y el juego de los expresidentes
La campaña recibió el respaldo oficial de las grandes personerías jurídicas del país: los partidos Conservador, Liberal, de la U y Mira. Al interior de estas fuerzas tradicionales destacan dos dinámicas de peso:
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Los expresidentes: El exmandatario César Gaviria Trujillo, en su calidad de director del Partido Liberal, oficializó su apoyo, convirtiéndose en el segundo expresidente en sumarse formalmente. Asimismo, en los círculos políticos se anticipa el respaldo de Andrés Pastrana Arango, motivado en parte por vínculos familiares, dado que su hermano, Juan Carlos Pastrana, está casado con Cayetana Valencia, hermana de la candidata.
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La indisciplina de bancadas: Pese a las directrices oficiales de las colectividades, existen sectores internos que han migrado hacia candidaturas rivales. Las directivas partidistas suelen evitar la imposición de sanciones severas para prevenir rupturas internas que debiliten su poder de cara al futuro pos-electoral.
5. Las transacciones en las regiones y la frontera ética
El verdadero desafío discursivo para Paloma Valencia se libra en los cierres de campaña regionales, donde conviven liderazgos de opinión con herencias políticas complejas:
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El músculo digital: En Antioquia, la candidata apostó por el impacto mediático del influenciador Yeferson Cossio, quien la acompañó activamente en los eventos de plaza pública, incluyendo el cierre en el Parque de Envigado.
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Pactos de conveniencia: En tarima se formalizó el apoyo del exalcalde de Envigado, Braulio Espinosa, respaldado por los liberales de la región bajo el mando de Héctor Londoño, en una alianza donde se anticipa el cobro del favor político para futuras aspiraciones a la Gobernación de Antioquia. Asimismo, se evidenció el respaldo de barones electorales de trayectoria como el senador conservador Nicolás Echeverry.
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El dilema ético: El punto más álgido de la campaña ocurrió en el Atlántico con la adhesión de Yessid Pulgar, hermano del condenado exsenador Eduardo Pulgar.
A este esquema se suma el exgobernador de Sucre, Héctor Olimpo Espinosa, quien arrastra consigo fracciones de Cambio Radical, un partido donde las bases permanecen divididas entre el proyecto de Valencia y el de Abelardo de la Espriella.
Paloma Valencia llega a la primera vuelta con una plataforma robusta y diversa. Ha logrado equilibrar el peso del uribismo con la moderación técnica del centro. No obstante, su justificación de que «hay que gobernar con los políticos que hay» abre un debate profundo entre sus electores históricos: la efectividad en las urnas del próximo domingo dependerá de si los ciudadanos validan este pragmatismo regional como un mal necesario para alcanzar el poder, o si lo castigan por desdibujar la línea ética de su discurso.
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