En un mundo donde la escasez hídrica de agua dulce ha dejado de ser una advertencia futura para convertirse en una crisis presente, la distribución de los recursos naturales dibuja un mapa de poder muy específico. Según los últimos datos consolidados por el Banco Mundial y analizados por Visual Capitalist, apenas un puñado de naciones ostenta el control de la mayor parte del agua dulce disponible en el planeta, un patrimonio que muchos expertos ya denominan el «oro azul«.
Colombia se ratifica como la sexta potencia mundial en reservas de agua dulce

A la cabeza de este ranking se sitúa Brasil. El gigante sudamericano no solo es una potencia agrícola, sino el custodio del 13.2% del agua dulce mundial. Esta posición de liderazgo absoluto se debe principalmente a la inmensidad de la cuenca del Amazonas, el sistema fluvial más grande de la Tierra.
Le sigue Rusia, que con sus vastos territorios siberianos y el emblemático Lago Baikal, la reserva de agua dulce líquida más profunda y antigua del mundo, concentra el 10.1% del recurso global. Cerrando el podio se encuentra Canadá, con un 6.7%, cuya geografía está salpicada por millones de lagos y acuíferos que alimentan su riqueza natural.
En el cuarto y quinto lugar, en un empate técnico, aparecen Estados Unidos y China, ambos con un 6.6%. Para estas dos potencias, la gestión del agua es un asunto de seguridad nacional; mientras Estados Unidos depende de sus sistemas de Grandes Lagos, China enfrenta el reto de distribuir su riqueza hídrica hacia sus densas zonas industriales y urbanas.
Es notable la presencia de otras naciones sudamericanas en este selecto grupo. Además de Brasil, Colombia se posiciona en el sexto lugar con un 5.0% de las reservas mundiales, seguida de Perú en el octavo puesto con un 3.8%. Esta concentración de recursos subraya la importancia crítica de la cordillera de los Andes y los ecosistemas de páramo como «fábricas de agua».
Por otro lado, Asia refuerza su presencia con Indonesia (4.7%), India (3.4%) y Myanmar (2.3%). El caso de India es particularmente complejo: a pesar de estar en el «top 10», su altísima densidad poblacional genera un estrés hídrico constante, lo que demuestra que poseer el recurso no siempre garantiza su disponibilidad per cápita.

Estos datos, con cierre de actualización a enero de 2025, reflejan una realidad ineludible: la estabilidad económica y la seguridad alimentaria de las próximas décadas dependerán de cómo estos diez países gestionen sus porcentajes. En un escenario de calentamiento global, la protección de estas cuencas no es solo una responsabilidad nacional, sino una garantía de supervivencia para el resto de la humanidad.
