Peligro inminente

Por: Rafael Nieto Loaiza


Son tantos los problemas internos que tenemos, que no estamos viendo la muy peligrosa situación de las fronteras y sus riesgos.

Primero, el chavismo en Venezuela es insostenible. Maduro anunció que aumentará el salario mínimo 34 veces, un 3.464%. Significa que el salario pasará de 5,2 millones de bolívares a 180 millones. Si el de hoy es menos de un dólar en el mercado negro, que no alcanza a comprar ni un kilo de carne, el del aumento llegará a 28 dólares. Las consecuencias no serán sino un alivio brevísimo para los empleados y la debacle definitiva de la economía: aumentará aún más la hiperinflación, que según el FMI podría llegar a un 1.000.000 este año, y quebrarán las ya poquísimas empresas que quedan. No hay negocio que aguante un descomunal crecimiento del 3.464% de la nómina salarial.

La medida supondrá una mayor dependencia del petróleo que ya hoy representa el 96% de los ingresos venezolanos. Y ahí está el segundo punto crítico: aunque Venezuela cuenta con las mayores reservas de crudo del mundo, ha perdido más del 70% de su producción petrolera desde que Chávez llegó al poder. Es posible que para julio la producción haya caído a menos de un millón de barriles diarios, la menor desde 1950, y que descienda a 700 mil en el 2019.

A todo ello hay que sumar dos hechos recientes que harán imposible la sostenibilidad de PDVSA y de un régimen que, a su vez, depende de ella. Como resultados del incumplimiento del pago de deudas y del no pago de sentencias por la “nacionalización” sin indemnización de empresas, se produjeron sentencias internacionales contra Venezuela que permitieron a los beneficiarios solicitar el embargo de los buques tanqueros de PDVSA y de sus cargas de crudo, y obligaron a que los barcos queden fondeados por temor a que sean incautados en otros países. Y a principio de este mes un juez federal de los Estados Unidos autorizó incautar las acciones de CITGO, la empresa venezolana de refinación y gasolineras en EEUU, vital para la exportación del crudo pesado del país hermano. La pérdida de CITGO significaría el puntillazo definitivo para la economía venezolana y para el régimen del socialismo del siglo XXI.

Segundo, el colapso de Venezuela traerá el de las dictaduras de Cuba y Nicaragua, dependientes de ella. Es presumible que hagan cualquier cosa para asegurar su supervivencia. No es coincidencia que Maduro venga sistemáticamente acusando a Bogotá de la crisis y que hace apenas unos días lo haya hecho Daniel Ortega al sostener que Bogotá estaría apoyando la “conspiración golpista” contra su gobierno. En el desespero por asegurar la estabilidad de sus gobiernos, la historia muestra que la tentación del incidente internacional está a la orden del día. El riesgo es altísimo. No podemos dejarnos provocar, pero no podemos dejar de estar preparados.