Peligrosa censura de las Big Tech

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Por: Rafael Nieto Loaiza


Hay que diferenciar entre las simpatías que se pueda o no tener por Trump y sus políticas y la calificación que se haga sobre la decisión de las grandes compañías de tecnología, las llamadas Big Tech, de cerrar sus cuentas y las de varios miles de sus simpatizantes. Que la sombra de un árbol, que genera tantos amores como odios, no nos impida ver el bosque.

Muchos han sostenido que las Big Tech estaban en su derecho de cerrar a discreción el acceso a sus plataformas a algunos usuarios porque son compañías privadas. Son privadas, claro, pero no son solo eso. Las que manejan redes sociales, son, de hecho, medios de comunicación. Su regulación debería ser similar.

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Y la regulación de esos medios está determinada por los derechos de pensamiento y expresión, reconocidos en los tratados internacionales, que “no pueden estar sujetos a previa censura” y que no se pueden restringir “por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares […] o por cualesquiera otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones”.

Ahora, los tratados también establecen límites, entre ellos “[las] incitaciones a la violencia”. Pero la calificación de una expresión como incitación a la violencia no puede ser caprichosa o arbitraria. Debe ser clara, inequívoca, y no resultado de lecturas subjetivas o partidistas. Y no puede haber doble estándar. En Twitter mantienen cuentas jefes de estado autoritarios como Díaz Canel o Maduro. Y hay que recordar que Twitter se ha negado a bloquear a los negacionistas del Holocausto. Ese doble estándar pareciera dar razón a quienes indican que Twitter se basa en preferencias ideológicas o partidistas, censura a los conservadores y es tolerante con los “progresistas”.

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Como resaltó Angela Merkel, la libertad de expresión solo puede restringirse “de acuerdo con la ley” y no “por decisión de los administradores de las plataformas de redes sociales”. Como también es muy peligroso dejar la regulación en manos de los gobiernos, valdría la pena explorar la constitución de consejos reguladores independientes, como los que existen en varios países europeos para la prensa.

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Estamos en una paradoja: las redes sociales democratizaron la información y dieron voz a quienes no tenía acceso a los medios. Pero hoy son muy poderosas y parecen estar deviniendo en gigantes sin control, sin supervisión, sin contrapoder. Si además censuran, si silencian determinados contenidos y emisores, si se alinean por motivos ideológicos y partidistas, sin las debidas garantías, terminarán siendo liberticidas.

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