Pensamientos inflacionarios

Por: Alberto Bernal


Me encanta mi trabajo. Disfruto mucho dar conferencias, escribir, leer, y correr modelos en Excel o en EViews. También me encanta hacer predicciones. Ahora, como podrá entender cualquier mortal con dos gramos de inteligencia, el problema de hacer predicciones es que existe una alta probabilidad de que lo que se pronostica no salga como se esperaba. ¿La razón? Sencillo: porque nadie en este mundo puede ver el futuro.

Pero lo cierto es que las predicciones son la base del mundo moderno. Cualquier persona que trabaja sabe qué es un presupuesto, o qué es una meta de gestión. En ambos casos estas cuestiones son, por naturaleza, una predicción. Uno puede llegar a cumplir una meta o un presupuesto, pero también puede no lograrlo, en el peor de los escenarios porque uno queda incapacitado para hacer el trabajo. Pero, insisto, sin proyecciones no hay metas, ni crecimiento, ni planeación a futuro.

Una de mis peores predicciones del año pasado fue que la Argentina iba a crecer fuerte, y que la bolsa de valores de ese país iba a pagar 25% de retorno. Al final la bolsa perdió casi un 50% de su valor. ¿Qué falló? Pues que no proyecté adecuadamente que la guerra comercial entre EE.UU. y China iba a tornarse más agresiva. Una proyección en la que no me equivoqué fue que la inflación global iba a mantenerse muy acotada. Y efectivamente, a pesar de que el consenso de los analistas estaba esperando que la velocidad en el cambio de los precios al consumidor se acelerara, ocurrió lo contrario.

Milton Friedman solía decir que la inflación es, ha sido, y siempre será un evento netamente monetario. Por lo tanto, entre más impresión de dinero haya, mayor será la inflación. Esa relación sigue siendo clara en el mundo emergente (ver Venezuela). Pero todo parece indicar que a nivel de mundo desarrollado la relación ha perdido relevancia. La pregunta del millón es por qué ha sucedido lo que ha sucedido. La respuesta es múltiple, en mi opinión. Para comenzar, existe el famoso efecto Amazon; segundo, existe una clarísima disminución de la tasa de natalidad a nivel mundo desarrollado; y tercero, existe un claro cambio de los valores y los parámetros de consumo de las nuevas generaciones, cambios atados, entre otros, al incremento de la preocupación de las nuevas generaciones para con el cuidado del medio ambiente. Ahora, siento que el factor más importante de todos es el “efecto Amazon”.

El “efecto Amazon” se refiere al hecho de que hoy en día los humanos tenemos información perfecta sobre los precios de la economía en todo momento, porque tenemos en nuestro celular la capacidad de comparar los precios de los diferentes productos de la economía al instante. Cuando un consumidor tiene la posibilidad de comparar los precios de la economía con el celular, se tiene la capacidad de negociar el mejor precio posible para el producto que se quiere comprar en el instante de la compra, y eso implica que los humanos hoy en día tenemos “información perfecta”. Que tengamos “información perfecta” implica que los humanos hoy en día tenemos la capacidad de generar deflación en cualquier momento, y que le estamos quitando la posibilidad a los negocios dentro de la economía de que incrementen los precios en forma arbitraria.

Todas estas cuestiones técnicas tienen consecuencias tangibles. Por ejemplo, en el caso de Colombia, que la inflación en EE.UU. se mantenga muy acotada implica que el peso colombiano debería tender a apreciarse este año.