La relación comercial entre Ecuador y Colombia atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. El Gobierno ecuatoriano anunció que aplicará aranceles del 30% a las importaciones provenientes de Colombia, una medida que impactará de forma directa el intercambio bilateral y que ha generado preocupación en sectores empresariales de ambos países.
La decisión fue comunicada por el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, quien justificó la medida como una respuesta a desequilibrios económicos y problemas estructurales en la relación comercial. Según el Gobierno de Ecuador, el país enfrenta un déficit comercial persistente con Colombia, al importar más bienes de los que logra exportar hacia su vecino, lo que ha afectado a industrias locales y a la balanza externa.
Hemos hecho esfuerzos reales de cooperación con Colombia, incluso con un déficit comercial que supera los 1.000 millones de dólares anuales. Pero mientras hemos insistido en el diálogo, nuestros militares siguen enfrentando a grupos criminales atados al narcotráfico en la…
— Daniel Noboa Azin (@DanielNoboaOk) January 21, 2026
Aranceles como herramienta de presión económica y política
Los aranceles del 30% no solo buscan corregir el déficit comercial, sino que también funcionan como un mensaje político. Desde Quito se ha señalado que la medida pretende llamar la atención de Colombia sobre la necesidad de mayor cooperación en temas sensibles como el control fronterizo, la lucha contra economías ilegales y la seguridad en zonas limítrofes, aspectos que Ecuador considera insuficientemente atendidos.
Para los exportadores colombianos, el impacto podría ser significativo. Un arancel de este nivel encarece los productos en el mercado ecuatoriano y reduce su competitividad frente a bienes de otros países o de producción local. Sectores como alimentos procesados, manufacturas y productos industriales podrían ser los más afectados, dependiendo del alcance final de la medida.
La imposición de estos aranceles también plantea interrogantes dentro del marco de los acuerdos regionales de integración andina, donde tradicionalmente se ha promovido el comercio con menores barreras. Analistas advierten que, si no se abre un canal de diálogo bilateral, la decisión de Ecuador podría escalar hacia un nuevo foco de tensión comercial en la región.
Por ahora, el anuncio marca un punto de quiebre en la relación económica entre ambos países. La respuesta de Colombia y la posibilidad de negociaciones serán claves para definir si los aranceles del 30% se mantienen como una medida temporal o se convierten en un obstáculo duradero para el comercio binacional.
