El primer domingo de Adviento marca el inicio de un nuevo año litúrgico para la Iglesia católica y abre un periodo que combina expectativa, reflexión y preparación espiritual. Aunque no tiene la popularidad mediática de otras fechas religiosas, su significado es profundo: señala que comienza la cuenta regresiva hacia la Navidad, no desde lo comercial, sino desde la interioridad.
Este día inaugura cuatro semanas dedicadas a la esperanza y a la renovación personal. El Adviento no es solamente un tiempo de espera pasiva. Representa la actitud de la comunidad cristiana que se prepara para celebrar el nacimiento de Jesús y, al mismo tiempo, reflexiona sobre la idea de apertura, cambio y propósito.
Por eso, el primer domingo suele ser considerado un punto de partida simbólico: una invitación a detener la rutina y dar espacio a lo espiritual. Las lecturas bíblicas de la jornada suelen enfocarse en la vigilancia, el camino y la esperanza, como recordatorio de que el alma también necesita preparativos.
¿Qué significa el primer domingo de Adviento?
En muchas tradiciones cristianas, este primer domingo es conocido como el domingo de la esperanza. Su color litúrgico es el morado, asociado con la introspección y la preparación. Este día inicia un recorrido que no se vive con prisa, sino con la idea de prepararse interiormente para la llegada de algo nuevo.
Para los creyentes, implica revisar el propio camino, evaluar decisiones, renovar compromisos y abrir espacio para la fe. Se trata de una preparación espiritual que contrasta con la carrera comercial que suele dominar diciembre.
En hogares, parroquias y comunidades, el símbolo más visible de este día es la corona de Adviento, una pieza circular que representa la eternidad y que sostiene cuatro velas, cada una correspondiente a un domingo. En el primero, se enciende la vela de la esperanza, que también es una metáfora de la luz que empieza a abrirse paso en medio de la oscuridad.
¿Qué se hace este día?
Las familias que siguen esta tradición se reúnen para encender la primera vela, a veces acompañada de una breve oración, lectura o reflexión. En las iglesias, las misas incluyen ritos particulares y un ambiente que invita a la serenidad. Para muchos, este domingo también es el momento de empezar propósitos espirituales: desde actos de servicio hasta compromisos personales de cambio.
En lo cotidiano, el primer domingo de Adviento funciona como una pausa con sentido. Es el recordatorio de que diciembre no empieza con compras ni celebraciones, sino con una invitación más profunda: la esperanza.
