El proceso de paz en la práctica

Por: Andrés Felipe Gaviria Cano

Una cosa es lo que se dice en un cómodo escenario o en los montajes que transmiten por televisión, otra llevar lo acordado a la realidad de un país que no va bien.

Ya el proceso de paz es un hecho, no se puede desconocer y habrá que aprender a vivir con eso que se acordó, se esté o no de acuerdo. En virtud de respetar y citar la constitución, la paz es un bien superior del estado y en ese sentido un mandatario tiene que hacer lo que pueda por alcanzarla. Todos queremos la paz, no hay duda de eso, como en todo proceso existe divergencia en la forma y es respetable. Dejando eso claro, necesitamos es concentrarnos en la aplicación de esos pactos, analizarlos conforme a la realidad política, económica y administrativa del país, para saber qué tan bien nos puede ir.

Los indicadores de la economía no pueden ser más negativos, en algunos tiene culpa el actual gobierno y en otros no, pero lo real es que se ha configurado una tormenta perfecta que al séptimo mes del año, medio se vienen a componer algunos fragmentos, pero que nuevamente acabará este periodo y vendrá una etapa de reajustes y reinicio de operaciones en todas las franjas de la economía. La inflación llegando al 9%; el dólar disparado; la gasolina con tendencia al alza; paro camionero de un mes; ya viene el fenómeno de la niña supuestamente (no le creo al IDEAM), y tampoco le creo al DANE con al cifra de desempleo. Sumemos que la tasa de usura es la más alta en 8 años, ahora si le podemos decir de frente a los bancos usureros, los intereses van por las nubes y el Banco de la República insiste erróneamente en seguirlos subiendo.

Tenemos que comprender las dos realidades; la legalidad e ilegalidad, la del monte y la de las ciudades y los territorios más alejados. Un ejemplo muy sencillo; como convencer a un ilegal que se puede estar ganando entre 1.5 o 2  millones al mes, para que venga a una ciudad a engrosar la lista de desempleados, liquide un taxi o se gane un mínimo y le toque pagarle un mundo de impuestos al gobierno. Aclaro que estoy refiriéndome a un guerrillero raso, no a los barrigones que están cómodamente en La Habana y a los que no les cabe un kilo más. Con esos no hay lío, ellos andarán en camionetas blindadas, con policías detrás, cenarán en los mejores restaurantes y darán cátedra de política, moral y ética en los medios de comunicación.  Se les saldrá el burguesito que todos llevan por dentro.

En un proceso de paz serio, se debería tener más en cuenta a las bases para evitar lo que hoy está ocurriendo con el frente primero de las FARC, quienes ya manifestaron que no le jalan al proceso y que seguirán delinquiendo en el monte. Acá una pregunta valida es, ¿Lo sabía el gobierno?, ¿Cuántos frentes más tienen esta posición?, ¿ Qué van hacer con los miles de guerrilleros rasos para que no terminen con otro brazalete?.

Personalmente creo que poner a funcionar todo lo que se ha acordado será muy difícil, sobre todo en la reincorporación a la vida civil. Si hoy los ciudadanos de bien aún siguen sin empleo y no logran encontrar un futuro digno en el país, ¿Qué les vamos a ofrecer a más de 7000 guerrilleros que van a quedar a la deriva?. Yo si les digo quienes tienen oferta para ellos, la diáspora que quedó del mal proceso con los paramilitares. Acá la ilegalidad siempre será atractiva, de eso no hay ninguna duda. La coca es un gran negocio, da muchos millones y ese mercado no lo dejarán quieto. Avíspese gobierno, mire la realidad y muévase, por que si no todo fracasará.