¿Qué pasó con el Partido Liberal? Una identidad extraviada y un nuevo rumbo por construir

Por: Juan Nicolas Perez Torres

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Durante décadas, el Partido Liberal fue sinónimo de transformación, progreso y lucha por la justicia social en Colombia. Fue el partido de las grandes reformas, de la defensa de las libertades y del respeto por las instituciones. En su esencia, ser liberal era creer en un país más justo, más incluyente, más democrático. Pero ese ideario parece haber sido archivado.

Hoy, el Partido Liberal tradicional ha perdido su identidad. En lugar de responder a las convicciones de sus militantes, se ha convertido en una estructura vacía que se mueve al vaivén de las coyunturas políticas, más pendiente del poder que de los principios. Su compromiso con el ideario liberal ha sido reemplazado por una lógica transaccional donde lo ideológico ha sido sacrificado en el altar de la conveniencia.

En este contexto, el país clama por una renovación del liberalismo. Y es ahí donde surgen nuevas voces que podrían recuperar ese legado con responsabilidad, coherencia y visión de futuro. Voces que no nacen de la improvisación, sino de una historia profunda de compromiso con Colombia. Dos nombres resuenan con fuerza: Carlos Fernando Galán y Horacio José Serpa.

Ambos representan más que sus trayectorias individuales: llevan sobre los hombros los ideales de dos gigantes del liberalismo colombiano, Luis Carlos Galán y Horacio Serpa Uribe. Hombres que creyeron en la política como herramienta de transformación, que se jugaron la vida –literalmente– por defender sus principios, y que soñaron con un país donde la decencia y la justicia fueran norma, no excepción.

Hoy, en tiempos de incertidumbre y fragmentación, el país observa con atención la posibilidad de que estos dos liderazgos, herederos legítimos de un liberalismo ético y valiente, puedan encontrarse, unirse y construir juntos un nuevo proyecto. No se trata de una nostalgia por el pasado, sino de una oportunidad para reimaginar el liberalismo desde la raíz, con ideas frescas, con respeto por la democracia, y con una convicción profunda en que el diálogo, el consenso y la honestidad sí pueden marcar el rumbo.

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El Nuevo Liberalismo, con su apuesta por los consensos, la meritocracia, la transparencia y la defensa de las instituciones, representa hoy un espacio fértil para que esas banderas liberales sean enarboladas con dignidad y coherencia. Más que una colectividad, es una plataforma para reconstruir lo que el partido tradicional ha dejado caer.

La historia no siempre ofrece segundas oportunidades. Pero Colombia, en este momento de definiciones, podría estar presenciando el nacimiento de una nueva etapa para el liberalismo. Una etapa guiada por las convicciones, no por los intereses. Por las ideas, no por las cuotas. Por los sueños de cambio que tantos colombianos siguen esperando.

El liberalismo, ese que defendía la vida, la justicia social y la libertad, aún tiene futuro. Y puede que esté encontrando, poco a poco, una nueva casa y nuevos protagonistas.

Por: Juan Nicolás Pérez Torres – @nicolas_perez09

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