No podemos esperar de quienes nunca han creado empresa y mucho menos empleos, buenas ideas sobre cómo hacerlo

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Quizás uno de los fallos más sistemáticos, secuenciales y perjudiciales que tiene el Estado colombiano es que quienes toman decisiones y quienes legislan sobre esas decisiones tienen poca o nula experiencia sobre esas materias; en lo laboral, quizá la mayor.


EDITORIAL

Con una reforma laboral venidera, hermanita de una reforma pensional y antecedida por una reforma a la salud; que de corazón esperamos por el bien del país que no prospere. Entendemos que son tres bombas dinamitas y tres bombas de relojería las que se instalan en nervios vitales de Colombia. Son bombas de relojería que van a poner muy en riesgo, lo poco que se ha logrado y ni hablar de los retrasos que nos va a traer.

Entendemos que la reforma laboral, realmente es un pliego de peticiones sindicales, por más de que lo quieren negar y esto no se trata de hablar mal de los sindicatos; pero la reforma laboral desconoce, abruptamente, todo lo que es la realidad laboral colombiana del tejido empresarial y social, que hoy se sostiene en Colombia. Sin mencionar que aun siendo muy leve; además atenta de manera directa, contra esas pequeñas conquistas.

Colombia ha sido un país que mal o bien, ha sabido llevar la relación entre sindicatos y empresas; los sindicatos han dejado esa intención Marxista-Leninista de antaño, de destruir a las compañías; pues se dieron cuenta de que cuando las destruían se acababan esa ‘teta’ de la cual vivían; de la cual ahora no tenía que trabajar, podían pasear, podían hacer lo que quisieran sin que les echaran, de manera de que ahora, no les interesa acabar con la empresa, pero si les interesa mantenerla permanentemente en mesas de negociación y eso es un equilibrio como decimos que se ha sabido manejar cada vez mejor. 

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Hay una situación, que es la que más nos preocupa y es que sí hay algo que le ha faltado a Colombia en los últimos 20 años es la creación de empleo; todos coincidimos en esa necesidad, en ese objetivo, pero el problema es ¿Cómo llegar a resolver o solventar esa necesidad? Hay una población ideológica, quizá radical política, que cree que esto es a punta de empleo estatal, a punto de subsidios, que apunta a estrangular a las empresas y obligarlas a que formalicen cada uno de sus empleados.

Además de eso y peor aún, desconocen las realidades actuales del mundo; la globalización, los negocios tecnológicos, las nuevas cadenas productivas; desconocen la capacidad que tiene una persona para prestar servicios de la India, Panamá, México, Bangladés a Colombia, siendo mano de obra en algunos casos más barata y mejor capacitada; mientras que en Colombia seguimos rezagados en muchas materias, sobre todo en temas tecnológicos e informáticos. 

La única manera comprobada, real, eficaz, de crear empleo es a través de la empresa privada, de empresas micro, pequeñas, medianas y grandes empresas. Ya sabemos que Colombia se acostumbró a cargar con él más del 50% de informalidad del país.

Algo lamentable; porque esa informalidad, es lo que hace que miles de personas es lo que hace ascender a una persona de una clase baja a una clase media y de una clase media a una clase alta, pero la informalidad no se logra obligando a la empresa a hacer los empleados formales. Es igual de estúpido decirle a YouTube que afilie a cada uno de sus creadores de contenido a un contrato laboral, o que lo haga Google, TikTok o Instagram u otras plataformas que realmente son unas economías colaborativas, donde cada uno saca un usufructo de una actividad y un desempeño económico.

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Lo que piensan hacer con los domiciliarios es un pensable, eso no tiene ni pies, ni cabeza y mientras tanto las últimas reformas tributarias han seguido apretando a quienes ya pagan impuesto hace 20 años en Colombia, siempre los mismos, cada vez nos aprietan más y entonces cada vez más gente se van de país, para no pagar impuestos y cada vez más gente renuncia a la nacionalidad Colombiana por la misma razón.

Si, el gobierno no deja su sesgo ante la empresa, cambia ese chip y se vuelve amigo de las empresas; con el fin de para crear más empleo, mejores y no establece un régimen salarial distinto por regiones, es imposible que se cierre esa inequidad.

Insistimos, como lo hemos dicho en tantas editoriales; no puede ser que el salario mínimo, se siga dictando desde una oficina fría en Bogotá, para regiones como Arauca, Putumayo, Vaupés, Chocó, Buenaventura, Cúcuta, estas son regiones que necesitan sí o sí tener un salario mínimo diferencial, en el que les retiren cargas innecesarias y que le permitan a las empresas formalizar más gente pero a menores costos. Porque en esas regiones no hay tantas empresas como las que existen en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla. Pero eso es de lógica, es lo que el gobierno debería entender, esto no tiene ideología, esto es un hecho, tácito, fáctico, tangible. 

Nosotros esperamos que el gobierno; aunque muchos ya no la tienen para la siguiente reflexión, es que tomen las mejores decisiones en esta materia, es lo que el país espera y además es lo que el país requiere y si toman malas decisiones es el país mismo quienes se los cobrara.

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