Reforma tras reforma, y la salud mental, ¿qué?

Compartir

“Todos esperábamos que, con esta reforma a la salud, liderada por una médica psiquiatra, se incluyeran aspectos relevantes y cambios estructurales en materia de salud mental en el país. Pero no fue así”.


Por: Gloria Díaz Martínez

Como defensora de la Salud Mental en Bogotá el anuncio de una reforma a la salud generó grandes expectativas, y ¿Cómo no? si el “cambio” fue la consigna del Gobierno Nacional, pero fue realmente desconcertante leer un documento de 180 páginas, examinando minuciosamente entre sus articulados y anexos, sin encontrar un desarrollo significativo en la oferta y acceso al servicio en salud mental, encontrándonos que apenas se menciona una vez, sí, una vez, y de manera escueta el término Salud Mental.

Y es que parece increíble que, teniendo como ministra de salud a una médica psiquiatra, quien conoce de primera mano todos los desafíos de este sector, no se le diera la importancia y visibilidad que exige la salud mental en todo el país, mucho más luego de los estragos de la pandemia y postpandemia que dejó al descubierto las graves falencias sociopolíticas, desinterés y ausencias institucionales que se convierten en caldo de cultivo para la propagación invisible de enfermedades mentales.

Ahora, según las mismas cifras publicadas por el Ministerio de Salud la depresión es la segunda causa de carga de enfermedad, es decir, la segunda que más genera pérdida en salud, en términos monetarios, de morbilidad, y mortalidad, en Colombia, afectando a más del 44,7% de niñas y niños que presentan algún trastorno mental y al 2,3 % que sufren de trastornos por déficit de atención e hiperactividad, estadísticas que no discriminan sectores sociales o económicos.

Este panorama no mejora en el caso de los adolescentes, quienes registran con frecuencia trastornos de ansiedad, fobia social y depresión; la ideación suicida se presenta en el 6,6 % de esta población (7,4 % en mujeres y 5,7 % en hombres). En la adultez, el 6,7 % ha experimentado trastornos afectivos, entonces, ¿Cómo fueron interpretados estos estudios?, ¿porque en el articulado no se evidenció reflexión alguna de esas estadísticas alarmantes?

Es realmente preocupante hablar de que, en los últimos 10 años, el número de casos de suicidios ha aumentado un 44% en el país, específicamente, de acuerdo con Medicina Legal, durante todo el 2021 y hasta julio de 2022 se suicidaron más de 4.160 personas en Colombia, de las cuales 1.714 eran menores de 29 años. Se estima que, a nivel mundial, el 5 % de los adultos padece depresión.

Le puede interesar:  El enredo de la tierra

Pero entonces, ¿qué incluye la reforma en materia de Salud Mental?

Desafortunadamente la salud mental en la reforma propuesta por Corcho y el equipo del Gobierno pasa casi que desapercibida. Tan solo se menciona que, dentro del modelo de atención, estará presente un psicólogo que tendría como propósito recorrer los territorios apartados con el fin brindar una atención extramural a pacientes de estas zonas que no pueden movilizarse y padecen diferentes tipos de trastornos que los puede volver agresivos, sin embargo, este enfoque es insuficiente para la realidad del sistema de salud en municipios apartados y zonas rurales, quienes no tienen servicios de salud mental o de existir estos son completamente precarios, pero ¿dónde quedan los municipios no apartados?, ¿siguen con el mismo déficit en acceso y disponibilidad?

De igual forma, fuera del articulado, en sus anexos se indica que la reforma conlleva una priorización en el servicio social obligatorio, por lo cual se adicionará 4000 nuevas plazas dando preferencia a los municipios PDET y zonas dispersas, quienes se beneficiarán de 1000 para enfermería, 1000 para medicina, y en último lugar, tan solo 1000 para psicología, todo esto con una financiación de cerca de $250.275.690.636.

Pero, no digamos mentiras, estas “reformas” no le llegan ni a los talones a las serias necesidades que exigen los ciudadanos en salud mental, necesidades que se reflejan en preocupantes cifras, solo en Bogotá, según la Secretaría Distrital de Salud, en los últimos meses han sido más de 500 mil diagnósticos por trastornos mentales, al igual que 371 suicidios en 2021 y en 2022 este dato se incrementó ya que, solo en el primer semestre de estos años, se registraron cerca de 260 casos, y esto sin mencionar el cómo van las estadísticas de este año.

Es innegable que se necesita una acción efectiva en materia de salud mental, y esto lo afirmo atendiendo a que, todos los días le tomo el pulso a la situación, en las bandejas de entrada de mis redes sociales llegan cientos de mensajes de personas desesperadas que buscan algún tipo de ayuda u orientación frente a trastornos, intentos de suicidio o casos de enfermedades mentales que padecen muchos de sus familiares los cuales ya no pueden sostener más en casa sin tratamiento alguno, y un alto porcentaje de pacientes que no tienen acceso o continuidad en el servicio.

Le puede interesar:  Economía circular en la industria alimenticia: retos y oportunidades

Pese al estigma que existe actualmente en Colombia, poco a poco tanto pacientes como psicólogos, psicoanalistas y médicos psiquiatras se atreven a hablar y denunciar casos en los que el sistema de salud los pone entre la espada y la pared al no considerar importante la salud mental. Los pacientes ante el pésimo servicio y cobertura, y los profesionales al ver como se cierran muchas Unidades de Salud Mental por reducción de recursos, como me lo mencionaba de manera anónima una médica psiquiatra de un hospital público de Bogotá.

Son entonces muchas las preguntas que me gustaría que la ministra Carolina Corcho nos diera respuesta a todos los que de alguna manera trabajamos en el ámbito de la salud mental, como, por ejemplo, ¿qué pasará con la infraestructura y el talento humano?, ¿las unidades de salud mental que están a punto de cerrar por falta de recursos?, ¿las que ya cerraron por mala administración o por no considerarlas importantes?, ¿qué pasa con la desigualdad salarial con los profesionales en salud mental?

Esperemos que pase en marzo, una vez arranque en pleno la discusión de muchas de estas reformas planteadas por el Gobierno, se logren adiciones considerables que en realidad visibilicen la salud mental como un asunto de todos, una prioridad, y necesidad, que fortalezcan los territorios, que el enfoque de atención extramural esté acompañado de redes de apoyo efectivas, y sin duda, propiciar los escenarios de difusión para informar, de forma verídica, cómo identificar trastornos mentales, como manejarlo, ante quien acudir, y toda la oferta institucional con la que se cuenta.

De la misma autora: Depresión: una pandemia invisible en Colombia

Última hora

Le puede interesar

[mc4wp_form id=»74432″]