¿Renunciar a Medellín?

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La ciudad ha sido uno de los ejemplos más bellos y dignos de admirar en el mundo, en casos de resiliencia, como caso de liderazgo y de transformación de vidas. Además, es hoy una de las ciudades más vibrantes del mundo que atrae a más de un millón setecientos mil extranjeros a que la visiten; no nos acapara la duda de si esta ciudad merece que renuncien a ella.

 

EDITORIAL

Como es costumbre, donde ha sido nuestra línea editorial y como reza nuestro lema, nosotros queremos ir más allá, no nos queremos quedar con el jolgorio político o con el amarillismo, con la reacción repentina al titular, a la carta, a la decisión.

Si el alcalde, Daniel Quintero Calle decidió renunciar a su cargo como alcalde de Medellín, quizá uno de los mayores honores que pueda tener un ciudadano, en ocupar un cargo que muchos quisieran llegar, pero lastimosamente no pueden, un cargo que debería servir para transformar vidas, para transformar el territorio, para permitir sembrar sonrisas, esperanza, alegría, para que se cosechen sueños y para que este territorio tenga más y más oportunidades para propios y visitantes.

Los políticos, enfrascados en su juego, enfrascados en las vanidades, en la lisojería de sus más cercanos colaboradores, pierden la noción de la realidad, la noción del tiempo, la noción de la verdad, de la necesidad de honrar las promesas, los compromisos y terminar creyendo que están por encima de la sociedad, que están por encima de los intereses colectivos y pasa a un tercer plano, lo que debería ser la máxima prioridad de un gobernante.

Estos gobernantes deben cumplir lo que prometieron, poder mirar a los ojos a su electorado, poder dormir tranquilo y entender que los verdaderos liderazgos políticos, no que sacan miles y miles de votos o que salen en los diarios todos los días o el que más engagement tienen en las redes sociales. Se trata de que las personas crean en los valores que representa el proyecto político que encara y desde luego en los resultados que obtenga.

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Es muy importante tener confianza en una ciudad, cómo es de importante que las personas confíen en sus instituciones, en quienes las dirigen y que siempre prime buscar el beneficio máximo para los habitantes de ese territorio, para que se erradiquen tantos fenómenos tan negativos, tantas tristezas, la muerte, la violencia, la corrupción, el hambre, el analfabetismo, que el desprecio por las normas, por las leyes, por la cultura, puedan empezar a ser parte del pasado.  

 La ciudadanía tiene que tomar el poder, el control y el liderazgo de hacer, respetar la ciudad y hacerle entender a todos los políticos que jamás sus intereses podrán detener, mancillar o entorpecer, el desarrollo de una ciudad, la felicidad, el ánimo, la alegría y la esperanza de una ciudad que ha tenido que lidiar con personas malvadas, con herencias malditas, con hechos degradantes a la condición humana, pero que una ciudad que siempre se ha parado, siempre sea repuesto, siempre ha dicho, yo soy capaz, y eso nos tiene que llevar a ser más grandes que cualquier político.

Eso nos hará fuertes y eso hará que quien se atreva a poner su nombre, a consideraciones su hoja de vida, consideración de los medellinenses para hacer su alcalde, o de los antioqueños para hacer su gobernador, o de los colombianos para hacer su presidente, primero lo piense muchas veces, lo medite, reflexione y tenga tanta necesidad, tanta urgencia de hacer, no lo bueno, sino excelente administración que solamente sean los ciudadanos los beneficiados y a ese gobernante se le dé las gracias por haber cumplido su deber.

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